domingo 14 abril, 2024

“LOS JÓVENES DESEMPEÑAN UN PAPEL CRUCIAL EN LA LUCHA POR LA IGUALDAD Y LA JUSTICIA”

En una entrevista exclusiva con Fixiones, el filósofo francés Pierre Dardot reflexionó sobre el largo proceso que llevó al neoliberalismo a convertirse en una corriente de pensamiento hegemónica a nivel mundial y se detuvo en la situación de la Argentina de cara al ballotage, con la figura de Javier Milei como representante de este pensamiento y la amenaza que implica para la igualdad y la justicia social.

 

Por Mercedes Larosa y Malena Costamagna Demare. Fotos: Maia Zarate 

 

La visita de Pierre Dardot a Argentina llegó en un momento justo: los días previos a una elección en donde uno de los candidatos, Javier Milei, hace alarde de las ideas de Ludwig von Mises, Friedrich Hayek o Wilhelm Röpke, economistas que hacia principios del siglo pasado delinearon las ideas neoliberales, que hacia mediados de la década del setenta fueron puestas en práctica en distintos rincones del mundo. Luego de su conferencia en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Dardot dio una entrevista exclusiva a Fixiones, en la que sintetizó el recorrido de las ideas neoliberales hasta llegar a la coyuntura local: “es esencial comprender las implicaciones de las políticas propuestas por Milei, como la dolarización de la economía y la eliminación de las ayudas sociales a los más pobres. Estos enfoques, que emulan modelos más radicales, podrían llevar a un enfrentamiento inevitable si se implementan”, advierte Dardot. El reconocido pensador francés, sin embargo, marca también las posibilidades de salir del laberinto neoliberal: “Los jóvenes desempeñan un papel crucial al promover la transversalidad en la lucha por la igualdad y la justicia, conectando las demandas de diversos sectores a través de la deliberación y la acción colectiva”.

 

-¿En dónde podemos ubicarlos inicios de las ideas neoliberales y cómo llegaron a volverse hegemónicas?

 

El neoliberalismo no surgió de la nada en 1947 con la Sociedad del Mont-Pèlerin, como mucha gente cree. De hecho, surgió a principios de la década de 1930, con diversos enfoques, siendo los principales el ordoliberalismo alemán (Walter Eucken, Wilhelm Röpke, Alexander Rüstow) y la corriente posteriormente denominada “austroamericana” (Ludwig von Mises, Friedrich Hayek). Estas corrientes, a las que se unieron personalidades como el periodista estadounidense Walter Lippmann o el filósofo francés Louis Rougier, se formalizaron en el Colloque Walter Lippmann celebrado en París en agosto de 1938. Fue en este coloquio donde por primera vez se propuso la idea de refundar el liberalismo bajo la denominación de “nuevo liberalismo” o “liberalismo renovado”. 

 

-¿Cuáles eran los principales ejes de aquella propuesta? ¿Siguen vigentes hasta la actualidad?

 

Desde el principio, el neoliberalismo identificó a sus enemigos (los sindicatos, el Estado de bienestar, el socialismo, etc.), y esta construcción discursiva de la figura del enemigo, que llamamos “enemización”, se ha mantenido constante. En cada situación de crisis, esta figura se manifiesta de diferentes maneras (hoy en día, el Estado de bienestar, las minorías sexuales o raciales, el movimiento feminista, etc., desempeñan este papel) y a menudo son señaladas por los neoliberales como enemigos a los que se debe combatir. Esto no es un accidente, sino un patrón que se repite en cada etapa de su historia.

 

–¿Podría profundizar en cómo la crisis de 2008 y los eventos posteriores, como la elección de Trump y el Brexit, generaron una división en el campo neoliberal y cuáles fueron las principales diferencias entre el neoliberalismo globalista y el nacionalismo neoliberal que surgieron como resultado de esta división?

 

Lo que es relativamente nuevo es la forma en que la crisis de 2008 generó una división en el campo neoliberal debido a sus consecuencias. Sin duda, hubo una división significativa en el neoliberalismo sobre la cuestión europea en el momento de la firma del Tratado de Roma (1957). Sin embargo, después de la elección de Trump en Estados Unidos y el Brexit, dos grandes corrientes se enfrentaron: por un lado, un neoliberalismo globalista que promovía grandes acuerdos comerciales bajo la égida de instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial, y por otro lado, un nacionalismo neoliberal que deseaba canalizar el descontento popular generado por las políticas neoliberales contra el globalismo y sus representantes. 

El efecto de esta división fue, paradójicamente, producir una especie de saturación en el campo político: la alternativa se reducía a una elección entre una u otra de estas dos opciones, desacreditando de antemano la expresión de otro camino. Sin embargo, es importante destacar que el nacionalismo neoliberal no es en sí mismo una invención reciente, ya que se remonta a Margaret Thatcher, que experimentó un nacionalismo competitivo que oponía en su discurso ante el Consejo de Europa en septiembre de 1988 al universalismo de libre comercio de la burocracia de la Unión Europea. El Grupo de Bruselas, fundado en 1988 siguiendo el discurso de Thatcher, ya reunió a los euroescépticos del Partido Conservador que más tarde liderarían el Brexit.

 

–En La nueva razón del mundo, libro que escribió junto a Christian Laval, exploran la noción de “racionalidad neoliberal”. ¿Cómo influyó esta racionalidad en las estructuras políticas y económicas a nivel mundial?

 

En ese libro abordamos la noción de “racionalidad neoliberal”, que se define por la norma de la competencia como la norma suprema del mercado. Esta racionalidad opera en todas las esferas de la sociedad, lo que la hace formativa de un mundo completo. No es simplemente global en el sentido de ser mundial, sino que también configura un mundo en un sentido más amplio. El conservadurismo se convierte en un componente esencial del neoliberalismo, y esta racionalidad influye en todas las instituciones estatales y no se limita al ámbito económico. Ha remodelado las instituciones políticas y económicas mundiales, creando instituciones diseñadas para proteger el mercado de las presiones de la democracia de masas.

 

–Muchos críticos asocian el neoliberalismo con el aumento de las desigualdades. Dadas las circunstancias en nuestro país, con candidatos como Javier Milei que tienen posibilidades de convertirse en presidente, ¿cuál es su perspectiva sobre el tema y cómo cree que la sociedad puede enfrentar este desafío? ¿Cuál podría ser el papel de los jóvenes en esta coyuntura?

 

Es cierto que el neoliberalismo se ha caracterizado por su lucha contra la igualdad, y esta lucha ha sido constante a lo largo de su historia. La cruzada de candidatos como Javier Milei contra la igualdad y la justicia social no debería sorprender. Sin embargo, es esencial comprender las implicaciones de las políticas propuestas por Milei, como la dolarización de la economía y la eliminación de las ayudas sociales a los más pobres. Estos enfoques, que emulan modelos más radicales, podrían llevar a un enfrentamiento inevitable si se implementan. La igualdad debe ser comprendida en términos sociales y económicos, y es esencial luchar por la igualdad en la participación en la toma de decisiones colectivas. Los jóvenes desempeñan un papel crucial al promover la transversalidad en la lucha por la igualdad y la justicia, conectando las demandas de diversos sectores a través de la deliberación y la acción colectiva.

 

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