domingo 19 mayo, 2024

LA POLÍTICA DE LOS MUNDOS POSIBLES

“Este mundo tiene que hacer lugar a la multiplicidad de mundos que existen”, sostuvo el filósofo Pierre Dardot en una clase magistral dictada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. El académico francés disertó alrededor de sus últimas reflexiones sobre la “cosmopolítica” y “los comunes”, sin esquivar la coyuntura política argentina ante el avance de las derechas: “el resurgimiento del movimiento feminista forma parte de las razones por la cual algunos jóvenes vayan a votar a Milei”, señaló. 

 

Por Carla Effenberger y Malena Costamagna Demare. Fotos: Maia Zarate 

 

“Este mundo tiene que hacer lugar a la multiplicidad de mundos que existen”, afirmó Pierre Dardot sobre el final de su disertación titulada “Cosmopolítica de los comunes”, en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA el pasado el jueves. Profesor y filósofo especializado en la crítica al neoliberalismo, Dardot es autor de La nueva razón del mundo y Común, títulos fundamentales para entender la singularidad del capitalismo contemporáneo, la capilaridad de su poder y las posibles resistencias. La actividad fue resultado de un esfuerzo colaborativo entre el Instituto Gino Germani, el Instituto Franco-Argentino y contó con el apoyo de la embajada de Francia, la Maestría de Comunicación y Cultura y la de Teoría Política y Social de la Facultad de Sociales. 

 

“No son cosas ni bienes: los comunes son sobre todo y antes que nada, prácticas sociales”, comenzó Dardot, traducido del francés al instante por Marcela De Grande ante un público atento. Dardot tenía el aspecto que uno esperaría de un académico: saco azul y camisa blanca, pero la risa fácil de un docente que se presenta cercano a los estudiantes. Sus necesarios aportes en el agitado contexto actual conceptualizan a los comunes como prácticas sociales o “mutualidades” como señaló Susana Villavicencio, activa promotora de su visita.

 

La primera diferencia sobre “los comunes”, Dardot la trazó en contraste con la construcción jurídica del término que remite a “las cosas comunes” o comunes de hecho. En esta mirada pasa a operar un principio de la diversidad; los sujetos dentro de lo común son solidarios con la coactividad, coparticipación y la obligación. Es la regla fundamental, sostuvo, “todos pueden y deben participar en la toma de decisión, es el significado más elevado que puede tomar la democracia”.

 

De manera general, los comunes remiten a experiencias locales o situadas. Y precisamente esa forma de pensamiento entra en tensión con una dificultad en la que Dardot se detiene: “hoy tenemos que pensarnos como ciudadanos del mundo, aún cuando estamos actuando localmente”. Para ahondar en esa lógica subjetivante, el filósofo avanzó encadenando el concepto de cosmopolítica, del griego “política del mundo”, y lo opuso a cosmopolitismo que, tomando la definición de Anna Tsing, es una actitud, una manera de proyectarse al mundo, un estado de ánimo. “El cosmopolitismo está bastante ligado a la valorización de la humanidad, precisamente la idea la que está en peligro hoy”, advirtió.

 

 
Julián Rebón, Secretario de Estudios Avanzados de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, presenta a Pierre Dardot. Foto: Maia Zarate

 

“Sobre las astillas de lo mismo se construyen nuevas subjetividades fragmentadas, individualizadas, empobrecidas”, dijo en el arranque de la jornada Julián Rebón, Secretario de Estudios Avanzados en la Facultad. “Dardot nos ha ayudado a pensar y repensar al neoliberalismo y su ligazón indisociable con el autoritarismo, el poder, la resistencia, lo común y las alternativas”, cerró Rebón antes de dar paso a un diálogo plagado de ejemplos concretos que atraviesan continentes: desde experiencias latinoamericanas de pueblos originarios, hasta disputas por mega embalses en Francia, poniendo de relieve las mutualidades y los espacios de encuentro que se ciernen sobre la protección de lo común, además de reflexiones sobre la coyuntura argentina y la relación entre el Estado y los comunes.

“No son cosas ni bienes: los comunes son sobre todo y antes que nada, prácticas sociales”

Cinco formas de hacer lo común

Una vez precisadas las definiciones necesarias, Dardot enumeró cinco modos de pensar y de hacer que juntas llegan a formar el “tejido denso” de un programa político de los comunes. La primera fue la dimensión institucional-instituyente –en términos de Castoriadis–, que hace a la práctica de los comunes un ejercicio de deliberación colectiva, lejos de la imposición de una norma vertical. Después la desplegó: “la actividad instituyente puede crear una nueva institución o modificar las reglas de una que ya existía”.

 

A este rasgo le sigue su contracara territorial, que sitúa la toma de decisiones en una lógica diferente de la institucional. La organización del espacio de los comunes “posee límites pero no fronteras, como las administrativas de los Estados”, explicó, señalando un ejemplo sobre el pueblo mapuche, cuya visión del espacio no reconocía el Norte y el Sur occidental, sino que estaba marcada por una práctica de desplazamiento horizontal que Dardot ilustró moviendo los dedos primero de arriba hacia abajo y después de lado a lado. 

 


Conferencia magistral en el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales. Foto: Maia Zarate

El tercer y el cuarto punto fueron una convocatoria a repensar las viejas categorías duales de la modernidad, que son un obstáculo para el pensamiento de lo común. “Hay que ir más allá de la dualidad entre el sujeto y objeto”, anticipó, porque la identidad colectiva tensiona la idea de un sujeto que actúa sobre un objeto inerte. Una concepto se enlaza con el siguiente, de manera que sobre la dualidad sujeto-objeto está la dicotomía privado-público, especialmente cuando el derecho público se confunde con lo estatal. Estas categorías jurídicas “un poco infernales” se transforman en un reclamo porque, si el Estado es el único guardián del interés general, el resto de los intereses son particulares, es decir, privados. Esta lógica, para Dardot, es incapaz de reconocer la idea de que los derechos de los comunes no son estatales ni privados. Es tal dificultad la que vuelve necesario revisar la dualidad privado-público: es el problema de lo que él llamó “el estatuto de lo colectivo”. Para ilustrar esa tensión, Dardot trajo el ejemplo de los “bienes comunes naturales”, como el agua.

 

“La propiedad puede ser pública –en el sentido estatal del término– o privada, mientras que el uso es algo distinto”, destacó el profesor sobre la última de las caracterizaciones, “en el mundo de los comunes hay una reivindicación muy fuerte con respecto a los usos”. La mayor parte del tiempo de su exposición estuvo dedicada a pensar la relación que tiene la propiedad con el uso. Para ello trazó un recorrido en las acepciones históricas de la palabra “uso”: primero como el uso simple, luego como el usufructo, superadora en la medida en que obtiene ingresos de la propiedad, y finalizó con el abusus, basado en la idea de que cada uno puede hacer lo que quiera con su propiedad, hasta llevarla a su destrucción. 

“La universidad pública hoy tiene un rol irremplazable porque permite reflexionar sobre sí misma. Es un lugar privilegiado de autorreflexión de la sociedad y eso es lo público del futuro”

El carácter sacrosanto de la propiedad “con abusus”, explicó, es lo que viene prevaleciendo en la contemporaneidad. Pero aquí es donde Dardot llamó la atención: “no se trata de entrar en competencia con la propiedad privada o pública en el sentido estatal, porque lo que se quiere disputar es el uso y el derecho al uso”. Elevó un poco la voz, inmerso en un desarrollo que llega a su punto álgido, “hay un nuevo sentido en el uso como protección, como velar por algo, cuidarlo”. Esta actividad de cuidado en sí misma es una práctica social ligada a la noción de comunes que trastoca las viejas categorías. Dardot fue enfático: “necesitamos hacer la renovación del derecho al uso a partir de las prácticas colectivas”.

 



Las asistentes toman apuntes en conferencia. Foto: Maia Zarate

 

Cosmopolítica: política de los mundos

Un mega embalse en Lyon, un aeropuerto en Nantes, la tercera reserva de agua más grande del mundo, el Acuífero Guaraní, compartida por Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil, y la construcción de un tren bala desde Torino a Lyon. Esta diversidad de situaciones para Dardot han suscitado manifestaciones de colectivos de diferentes países unidas en torno a la protección de los bienes comunes. La movilización en contra del mega embalse en Francia destinado a proveer a grandes productores agrícolas en tierras poco fértiles puso de relieve cómo la iniciativa de la construcción que se presenta como “solución técnica” es en realidad una elección política. Dardot nombró estas prácticas sociales como verdaderos ejemplos de transversalización, diferentes maneras de responder al desafío que nos plantea la cosmopolítica. 

 

“Ahora ven por qué digo cosmopolítica de los comunes”, le habló Dardot al público de académicos y estudiantes en su mayoría, que lo escuchaba con expectativa. Es una política de los mundos más que del mundo, una manera de entrar en relación con otros humanos y otras formas de lo viviente. “Este mundo tiene que hacer lugar a la multiplicidad de mundos que existen”, reflexionó acercándose al final. Motivados por el acto que precipita el uso colectivo cabe ver en su discurso, como también remarcó Susana Villavicencio, la esperanza: “es una manera de dar vida nuevamente al viejo eslogan zapatista: un mundo en el que quepan muchos mundos”.

“No podemos transformar profundamente el funcionamiento del Estado desde adentro si no hay movimientos potentes de ciudadanos que vengan a exigir esa transformación”



Pierre Dardot es docente y filósofo. Foto: Maia Zarate
 
Los comunes, el Estado y la juventud feminista

El espacio de preguntas al final de la conferencia puso en movimiento la alusión de Rebón cuando decía al inicio que la convocatoria apuntaba a “pensar en conjunto”. Dardot respondió a todos los interrogantes con la misma seriedad, tanto las preguntas que vinieron de la comunidad académica como las que no. El devenir llevó a relacionar el programa de los comunes con la coyuntura política actual, de cara a las elecciones. 

 

Lo complejo de llevar a cabo la lógica de los comunes desde una institución estatal o privada radica en la dinámica y las reglas preestablecidas. Es una experiencia habitual, “le pasó a muchos, uno embiste a una institución pensando que esta va a ser por sí misma el medio para modificar la realidad, pero una vez que está dentro se da cuenta que la institución no es solamente un medio sino que tiene su propia lógica”. No es imposible cambiarla, pero para ello es necesario potenciar otra lógica: la lógica de los comunes, que es externa. “No podemos transformar profundamente el funcionamiento del Estado desde adentro si no hay movimientos potentes de ciudadanos que vengan a exigir esa transformación”, cerró.  

 

¿Qué lugar tiene la juventud ante la amenaza de lo común en el contexto actual? Dardot le explicó a Fixiones que la respuesta no es inmediata porque “en los jóvenes hay intereses muy heterogéneos” y la juventud “no define un estado permanente sino uno transitorio”. En momentos críticos la gente se desplaza precipitadamente hacia alguien que le parece un salvador, apuntó. Pero como contracara de esta avanzada, Dardot encontró otra región muy permeada por la juventud que para él tiene un rol protagónico: el movimiento feminista. “La forma en la que el neoliberalismo configura al patriarcado fue puesta en crisis por el feminismo, que cuestionó sus pilares”, señaló. Para el francés esta ruptura sembró una sensación de masculinidad en peligro que exacerba aún más la necesidad de reafirmar la masculinidad en un candidato como Milei. Fue contundente en su respuesta: “el resurgimiento del movimiento feminista forma parte de las razones por las cuales algunos jóvenes vayan a votar a Milei” y agregó con todavía más contundencia, “está claro que el enemigo declarado de Milei –además de los sindicatos y el CONICET– es el feminismo”. 

 

El final de la conferencia estuvo centrado en una reflexión acerca del propio espacio en el que se dio la charla. Dardot dedicó sus últimas palabras a agradecer y celebrar la universidad pública. No solo lo público como estatal, sino como espacio de experiencia de los comunes; ambiente donde se generan, se encuentran y se coordinan. “La universidad pública hoy tiene un rol irremplazable porque permite reflexionar sobre sí misma. Es un lugar privilegiado de autorreflexión de la sociedad y eso es lo público del futuro”, concluyó Dardot.

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