viernes 19 agosto, 2022

“TODAS LAS DISCIPLINAS MUTAN CON EL PASO DEL TIEMPO, SINO DESAPARECEN”

Por Pilar Molina y Matias Luchetta | Fotos: Martina Solari Arena

Mantener el psicoanálisis actual, leer a Freud y a Lacan desde un lugar distinto para producir nuevas interpretaciones, echar mano a otros autores y generar nuevos debates, enriquecer los conceptos. Estos son algunos de los ejes sobre los que Fixiones dialogó con el psicoanalista, escritor e investigador Bruno Bonoris. 

 

¿Qué es un texto? ¿Qué se lee? ¿Cómo leer? Estas tres preguntas son el núcleo de la conversación que el psicoanalista, escritor e investigador Bruno Bonoris mantuvo con Fixiones. La necesidad de una mirada crítica y no dogmática, según Bonoris, es un gesto fundamental para que la práctica y la formación psicoanalítica se mantengan “actuales”. “Todas las disciplinas con el paso del tiempo van mutando, sino desaparecen. Entiendo como actual poder abrirse a otras disciplinas y quitarnos de encima los prejuicios, desarmarlos”, sostuvo. 

 

– ¿Qué aportes de la filosofía consideras importantes para tu práctica como analista?

 

En la actualidad me acerco a la filosofía a través de la pregunta “¿qué significa leer?” Hace tiempo que esta es mi inquietud y encuentro en autores contemporáneos –Derrida, Barthes, Eco, Ricouer– ciertas claves. El tema es que la respuesta es un tanto inabordable, por eso me centro especialmente en la técnica psicoanalítica. Me parece interesante tomar algunas nociones de la filosofía de mediados del siglo xx en torno al concepto de texto, de lectura y de escritura. Hay allí un campo metodológico muy interesante, que, si bien no es abordado desde el psicoanálisis, intuyo que tiene bastante que ver con los problemas técnicos. Pienso, por ejemplo, en la propuesta metodológica de Foucault sobre la arqueología. La arqueología del saber es un libro estrictamente metodológico y plantea un acercamiento al archivo, al texto. En Deleuze y Guattari también pueden leerse algunas ideas vinculadas a la lectura, como la idea de rizoma, de cartografía. Son principios metodológicos. Por otra parte, creo que es imposible leer a Lacan por fuera de toda la discusión intelectual filosófica de su época.

 

– ¿Qué lee un psicoanalista? 

 

Diría que el texto analítico no es necesariamente el texto del analizante. Esa sería una primera propuesta. En un análisis se produce un texto con una textualidad particular, pero sin un autor. Ahí podría abrirse todo un debate respecto a la autoría y la propiedad. El texto analítico es un texto compuesto por múltiples voces, donde no podríamos afirmar que son únicamente las voces del analista y del analizante. Están la voz del supervisor, por ejemplo, y todas las otras voces que forman parte de un texto analítico. La pregunta que yo me hago es: el método crítico que propuso Freud para interpretar los textos analíticos, ¿no es aplicable para leer otros textos?, ¿Lacan no leyó a Freud con el método crítico que Freud propuso? Tengo la impresión de que sí. Son unas primeras ideas.

 

– ¿Qué lugar tiene para vos la transmisión del psicoanálisis? 

 

El tema de la transmisión es clave. Especialmente porque estamos muy acostumbrados a una lógica formativa de la universidad y de las escuelas. ¿Cómo conversamos, cómo nos formamos, cómo discutimos, qué tipo de colectivo armamos? Preguntas importantísimas para hacerse. Hay que animarse a formular alguna idea, que la transmisión no sea solo una enseñanza donde ya hay un saber constituido listo para ser donado. “Vengo a explicarte lo que Lacan dijo”. ¿Por qué no decir “vengo a traerte mi lectura de Freud en función de lo que leí, por ejemplo, en Foucault”? Esto no ocurre, estamos muy inhibidos para crear ideas. Pienso en la figura del maestro. El psicoanálisis estuvo muy organizado en función del maestro y sus discípulos. Se organizaban, estudiaban y supervisaban con él. Había alguien que tenía un saber y el resto esperaba que el maestro los iluminara, eran alumnos. Me parece que estamos en otra etapa, donde el saber debería estar más y mejor distribuido.      

 

– ¿Habría una tensión entre transmisión y divulgación?

 

Partiría diciendo que transmisión no es enseñanza. Enseñanza sería la donación de un saber: yo aprendí, estudié, investigué y brindo ese saber. Sin embargo, en la transmisión hay algo que va por otro lado. En todo caso lo que se transmite no es tanto un saber sino el deseo de saber. Eso se transmite: el deseo. Este año voy a dar un seminario porque en este formato hay mayor posibilidad de transmitir la inquietud y el deseo.  Para el psicoanálisis, eso es lo que importa transmitir. Por otro lado, respecto a la divulgación… es un tema muy delicado, porque entiendo que como en cualquier otra disciplina es importantísimo que la haya, pero pienso que el psicoanálisis no se le explica a la gente, sino que la gente se explica a través del psicoanálisis. Ahora, mostrar a las personas de qué va un psicoanálisis, cuáles son sus conceptos principales, qué cura o por qué habría que ir a un psicoanalista, entre otras cosas, me parece adecuado. Pero, según mi diagnóstico, los que hacen divulgación no hacen eso, sino que interpretan fenómenos con instrumentos psicoanalíticos. Se hace algo así como “psicoanálisis en sobrecitos de azúcar”.  

 

– ¿Qué problemas o tensiones consideras que atraviesa la formación como analista hoy en día?

 

Considero que el problema de la formación hoy en día es que se centra en un sólo punto: el análisis del analista. Como se centra en un sólo punto, la lógica es: “me analicé, entonces ya me formé”. Esto era muy evidente en la época del análisis didáctico, pero ahora se sigue sosteniendo lo mismo. Debería, por supuesto, probar esto -traerles o citar textos de colegas, pero está, el problema se centra siempre ahí. ¿Por qué se dan tantas vueltas sobre algo en lo que estamos todos de acuerdo? No escuché a nadie decir que para ser analista no hay que analizarse. ¿No es sospechoso que el debate sobre la formación esté tan centrado en el propio análisis cuando todos los analistas nos analizamos?

 

– ¿Por dónde debería centrarse el debate?

 

En principio, en otros puntos. Retomaría las dos ideas que trajo Freud que me parecen bastante razonables. La primera es estudiar. Una persona podría analizarse treinta años, pero sin manejar ninguno de los conceptos psicoanalíticos no puede analizar. ¿Cómo analizar si no se manejan los conceptos de transferencia, pulsión, inconsciente, interpretación? Para ser analista hay que leer, ejercitarse en la lectura. Me refiero a sentarse, agarrar escritos, libros y leer. Encuentro en la lectura un ejercicio muy rico y fundamental para la formación. La otra pata que creo fundamental es discutir casos: reunirse y presentar ideas, que se debata, que se argumente y que haya medianamente acuerdos, por ejemplo, sobre qué conjetura acerca de un caso sería la más potente.

 

– ¿La lectura y la discusión de casos para pensar la lógica de una cura?

 

Absolutamente. Para eso hay que tener la idea de que uno, como psicoanalista, debe tener una orientación. Cosa que no va de suyo. Hay una frase muy deformada de Lacan donde se termina por concluir algo así como: “En el momento del acto el analista no piensa”. Una frase que aparece citada muchísimo, pero en Lacan la referencia es distinta. Se arma un problema interesante porque pareciera que la intervención del analista no estuviese mediada por algún tipo de conjetura, de hipótesis, de idea, ¡de nada! Como si uno interviniera en función de ocurrencias o en función de su inconsciente. Desde la perspectiva de Lacan no se puede afirmar que “tengo” un inconsciente. Va en contra del propio cuerpo teórico. Eso no significa que uno tenga una ocurrencia, la diga y que la cosa funcione. Desde ya. El analista se sorprende frente a los efectos de su propia palabra porque no puede medir los alcances de la misma, pero intenta remediar esa dificultad haciendo conjeturas. Trata de hacer de su palabra un instrumento más preciso. Muchas cosas en análisis suceden sin que uno sepa por qué suceden, pero eso no significa que uno vaya a atender sin saber nada -yo recomiendo tener una dirección del tratamiento- y además si hay algo que sucede y no se sabe por qué sucede, recomiendo pensar por qué sucedió.  Si se sostiene que, al momento del acto, la intervención viene de un no-pensamiento, ¿qué tiene que ver eso con lo pensado, con lo discutido? Se trata de cómo eso que se pensó del caso se incorpora o funciona en él.

 

– ¿Cómo hacer del psicoanálisis una práctica actual?

 

Hay mucha gente pensando con mucha seriedad qué significa lo actual. En general, cuando el psicoanálisis habla de “lo actual”, está atrasado 70, 80 años. “Nuevas parentalidades”, “nuevos modos de subjetivación”. ¿Cómo “nuevos”? ¡No! Se estudian hace años. Directamente es una falta de respeto para aquellas subjetividades que son leídas hoy en día como nuevas. Como si el psicoanálisis recién se enterara de algo y entonces cree que es nuevo. ¿Por qué estamos tan atrasados? Porque tratamos a nuestros textos como textos sagrados y creemos que la verdad ya está ahí. “Ya lo dijo Freud.” Entonces, ¿qué significa, para mí, ser actual? Eso: estar actualizado. Interesarse en la producción de nuevos conocimientos de otras disciplinas para poder estar al tanto de lo que se está discutiendo. No pensar que lo que dijo Freud, Lacan o cualquier psicoanalista es la verdad última de nada, porque es evidente que no es así. Todas las disciplinas con el paso del tiempo van mutando, sino desaparecen. Lacan definió la clínica como “volver a revisar todo lo que Freud dijo” ¿Revisarlo en función de qué? Tal vez de lo que proponen otros saberes y campos disciplinarios. Entiendo como actual poder abrirse a otras disciplinas y quitarnos de encima los prejuicios, desarmarlos. Por ejemplo, desde el psicoanálisis y desde mi punto de vista, el prejuicio de la diferencia sexual. 

 

– ¿Y las interpretaciones del analista?

 

Se deben actualizar. Se siguen haciendo interpretaciones netamente edípicas. “Si estás en una relación con una persona mayor, entonces tenemos que hablar del vínculo con tu padre”. Una persona que no es analista se levanta y se va por lo desastroso de esa interpretación. Un analista seguramente siga en tratamiento porque continúa creyendo en el mito. No es que hace cincuenta años se interpretaba así y ya no, son interpretaciones que se siguen haciendo. Me tomaría en serio este problema. En todo caso, uno puede tener una posición crítica. Hay que pensar bien qué significa para nosotros Edipo. Ese tipo de interpretaciones evidentemente están fundadas en un prejuicio. Ahí falta texto, falta debate y actualidad. Por lo pronto, me parece muy mala idea interpretar problemas sociales, políticos, de “género”, etc. por medio del Edipo. 

 

-En otras charlas has formulado la idea de que se psicologizan los padecimientos subjetivos ¿A qué te referís con esto?

 

A objetivar un padecimiento en función de un saber. Como analistas, no sabemos por qué sufre la gente. Cuando alguien viene y trae un síntoma, cualquiera sea, al principio no se tiene la menor idea de lo que se trata. ¿De dónde sale?, ¿cómo funciona?, ¿qué significantes lo conforman? Psicologizar es creer que uno ya sabe y entonces puede enseñarlo a través de un libro, por redes sociales. Yo defino al síntoma en psicoanálisis como “una interrogación en términos de saber sobre el sufrimiento”. Con lo cual, es una interrogación. Tratar un síntoma como algo que ya tiene una respuesta, como algo que ya se sabe, es psicologizarlo. En un psicoanálisis no hay un síntoma sin analista. Para nosotros es crucial advertir que formamos parte del síntoma, no hay posibilidad de hablar de él “desde afuera”, no es posible objetivarlo. Por último, psicologizar también es reducir una posición subjetiva a una psicopatología, reducir el sufrimiento a problemas “personales”. Politizar el síntoma significa abrir  y analizar los múltiples estratos que producen el sufrimiento humano.   

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