domingo 27 noviembre, 2022

"SIEMPRE FUE Y ES REGGAETON"

La artista Romina Bernardo conversó con Fixiones acerca de su proyecto “Chocolate Remix”, desde el cual desde hace casi diez años lleva al género del reggaeton hacia afuera de los límites que establece la industria. Su pulsión artística, la búsqueda por cambiar algunos esquemas ya establecidos proponiendo otras miradas, y cómo se abrió camino en una escena principalmente dominada por hombres. 

Por: Martina Solari Arena | Fotos: Gentileza de Chocolate Remix

Mientras la tucumana Romina Bernardo crecía escuchando bandas de rock, pop, blues y reggae, Daddy Yankee, con quien le gustaría hacer un featuring, recién hacía su primera participación musical como invitado en el álbum del DJ Playero 34 en 1990. El reggaetón llegaría a su vida en los años venideros. “Siempre fue reggaeton y es reggaeton, porque lo que más me mueve son ritmos muy a fines, estilos discoteca”, explica. Si bien la música es el pincel más exacto con el que decidió expresarse, le divierte jugar con distintas disciplinas artísticas, el humor y lo bizarro. Su pulsión artística es poder hablar con liviandad acerca de la sexualidad, el deseo y el disfrute. Nació en Tucumán en 1985 y desde 2013 está abocada a su proyecto: “Chocolate Remix”.

Choco canta, compone y produce lesbian reggaeton. Cuando se mudó a Buenos Aires en busca de libertades, como muchas de las personas queer de su generación, aún firmaba como “Chocolate”. Tras pasar por dos carreras universitarias y darse cuenta que ya había un grupo uruguayo cuyo nombre era “Chocolate”, agregó el “Remix”.  Sus letras hablan de sexo sin tapujo y sin censura, se escapan de la heteronormativa y la tradición reguetonera de un chabon y minas en culo bailando a su alrededor. Otros temas, como “Ni Una Menos” y “Que Se Joda” están interpelados por el feminismo, el trabajo sexual, y el patriarcado. Hasta el momento tiene dos álbumes, “Sátira” (2017) y “Pajuerana” en el (2021), más el EP “Feminasty”, producido en pandemia con la mendocina Fresakill

 

Sabes bien que me gusta la tijereta

De frente tranqui hacemos un teta con teta

O mirando pa’ los pies

Y sale una tijera que corta al revés

                                                                                                    <Como me gusta a mí >                                                   

No hay excusa para cubrir al que abusa

Aquí llegó pa’ molestarte esta intrusa

Todas las que mataste hoy son mi musa

Yo voy a aclararte esas ideas confusas, mente obtusa.   

                                                                                                        <Ni Una Menos>                               

¿Qué buscás con tus letras? 

Cuando empecé sentía la necesidad de hablar de sexo, de proponer otras miradas y de naturalizar hablar del tema, sobre todo siendo mujer. El sexo era un aspecto humano con el que teníamos mucho conflicto. Los varones al menos pueden hablar del tema. Gran parte de lo que hago estuvo atravesado por eso, quería contagiar cierta sensación de libertad, de tranquilidad, de disfrute, de liviandad. De cambiar los esquemas que me habían venido dados y que no me parecían confortables.  

¿Qué música te influenció de piba?

Generalmente eran sonidos discotecas que tenían que ver con lo que sentía, donde podía habitar todo lo que yo quería como la libertad sexual, la noche y el desenfreno. Tengo el recuerdo, como a los cinco o seis años, de la primera vez que escuché “Pump at the Jam”. Nunca había ido a una discoteca pero supe que yo quería estar ahí, al igual que con “Proyecto Uno”, que era un house merengue. No está tan desvinculada mi pulsión artística, con la música que elegí. Uno escucha una chacarera y no le dan ganas de coger, esos géneros tienen eso en su carne. 

¿Cómo hiciste tu lugar en el reggaeton siendo mujer? 

Mucha gente piensa que lo primero que yo pensé es que quería hacer reggaetón feminista. En ese momento no formaba parte de espacios feministas, no venía con ese marco teórico. Cuando comencé a laburar con el reggaeton me cuestionaba cómo dialogar con la historia del reggaeton, con la carga, con lo que estaba sucediendo. El carácter 100% feminista surgió como un diálogo con el género mismo con el que me estaba dedicando. 

El reggaetón hablaba de sexo, la mayoría de los varones heterocis hablan de eso, no pensé que estaba mal lo que estaban haciendo, poder hablar así con esta libertad, decir lo que te gusta, después podemos analizar qué es lo que les gusta, que hábitos sexuales tienen y si esos son opresivos o no. Pero poder hablar a calzón quitado a mi me parecía bien. Y dije: ‘bueno yo también lo voy a hacer pero desde mi punto de vista’. Y a la vez escuché cosas que no me gustaron nada y ahí tuve que ver cómo respondía y dialogaba con eso, con mis colegas. 

¿Cómo fueron tus inicios allá por el 2013 y en qué momento te encontrás ahora?

No tenía en mente tener una carrera musical, si artística. Pero cuando me di cuenta que quería profundizar en la producción musical, en el canto y en el rap, me llevó un montón de tiempo desarrollar eso hasta un nivel que me pareciera razonable. Hasta el 2017 salían singles en Soundcloud que sonaban pésimos. En el comienzo el proyecto empezó siendo una performance virtual, un personaje en Facebook, un alter ego y además hacía fotomontaje para acompañar la propuesta. Estaba pensado para que la gente se pregunte ‘quién carajo es esta’. Después mis amigues me empezaron a decir que toque en vivo, porque solo producía desde casa y ahí me terminó encantando el mundo escénico que lo tenía poco explorado. 

¿Cómo sos en el escenario? 

Desde las primeras veces que tocamos en vivo, siempre hubo una exploración atravesada por lo teatral y la danza. El primer show que hicimos fue en la fiesta Jolie, en el 2014 o  2013. Había una introdcción, una de las bailarinas era Willy Wonka, otra era la Oompa Loompa pero versión bailarina de perreo y yo el chocolate, siempre bordeando la bizarreada.  Me pareció divertido explorar ese universo de las artes escénicas. A la hora de crear la ficción, que es la propuesta artística,  como vengo de una formación más híbrida, todas las herramientas que permitan tener una experiencia estética más profunda son válidas y posibles.

En la primera formación en el escenario éramos tres bailarines, una amiga que oficiaba de DJ, (le ponía play a las pistas) y yo que cantaba. Éramos cinco, de ahí fue mutando pero es una de las formaciones más habituales. Ahora la DJ es además segunda voz y en todas las canciones que podamos tocar con la banda la incluimos. 

¿Cómo surgieron tus experiencias girando por Europa? 

En 2016 estaba armando mi primer disco y me invitaron a venir a Europa donde estoy ahora. Me invitan a participar, unas personas que  estaban haciendo una movida de reggaeton underground en Matadero Madrid y me dijeron: si te animas tratamos de armar una gira en conjunto. Era gente que tenía una organización que se encargaba de promover la movida latina en la península ibérica. Estuvo re bueno, terminé volviendo al año siguiente. Después vine todos los años, salvo el 2020. En algunas oportunidades vine dos veces. 

 

 

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