miércoles 25 mayo, 2022

“LOS JUICIOS PERMITIERON QUE MUCHOS HIJOS E HIJAS SE EMPEZARAN A HACER PREGUNTAS”

Entrevista a la psicoanalista María José Ferré y Ferré, quien durante los últimos 20 años se dedicó a la atención de hijxs de represores y escribió, junto al psiquiatra y polítólogo Héctor Alfredo Bravo, el libro “Los agujeros negros de la dictadura”. “Los juicios permitieron que muchos hijos e hijas se empezaran a hacer preguntas y a atar cabos sobre su historia familiar”, afirmó Ferré y Ferré.

Por Emiliano Montelongo y Matias Luchetta | Fotos: Melisa Molina

“Los agujeros negros de la dictadura”, escrito por la psicóloga María José Ferré y Ferré y el psiquiatra y polítólogo Héctor Alfredo Bravo, es un libro que reúne veinte años de experiencia de trabajo clínico con hijos e hijas de represores de la última dictadura cívico-militar en Argentina. “Alguna vez alguien tiene que investigar estas cosas. Sólo hay antecedentes de estudios sobre hijxs de nazis”, comenta en diálogo con Fixiones Ferré y Ferré. Para el armado del libro, explica, “fuimos tejiendo cruces entre  psicoanálisis, sociología, política e historia”. Sus veinte años de experiencia dan cuenta del poder que tiene la elaboración del relato como herramienta fundamental para combatir los silencios y las injurias de la violencia.  “Es importante que se hable porque desde lo subjetivo lo que se elabora no se repite y desde lo social, como Estado, tenemos una deuda con esta gente”, afirma. 

  Psicoanalista María José Ferré y Ferré

 

¿Cómo surge el interés por esta clínica en particular?

Con Héctor Bravo estábamos en una institución que trabaja con diferentes obras sociales. Empezaron a llegar muchos pacientes que pertenecían a las Fuerzas Armadas o que eran familiares de alguien de allí. Mi decisión fue atender niños y adolescentes. Con el tiempo lxs niñxs que empecé a atender crecieron y en su adolescencia las preguntas por la dinámica de sus familias empezaron a surgir. Lejos de resistencia, lo que encontré fue agradecimiento por haber preguntado qué se siente, en Argentina, ser hijx de militares. Pudieron empezar a hablar de todas las cosas raras que vivieron en sus casas y que allí no se podían mencionar. Por ejemplo, había muchas pautas que seguían pero nadie les decía por qué: “No podés volver de la escuela todos los días por el mismo camino”; “no podés decir que tu papá es militar, vos tenés que decir que es empleado estatal”. Junto con la pregunta sobre “qué hace papá”, la respuesta solía ser: “papá lucha contra los malos”. “¡Entonces mi papá es un héroe! ¿Por qué no puedo decir que mi papá es un héroe?”. “No lo podés decir porque no”. Algo de lo que no se podía decir en la infancia se empezó a relatar en sus adolescencias a través de la psicoterapia.

–¿Cómo recibieron esos primeros relatos?

Lo primero que empecé a pensar fue cómo se constituirá el superyó de esos niños, partiendo de las características particulares del superyó de estos padres. Qué pasará cuando crezcan; qué actitud adoptarán ante la ley, la transgresión… A partir de estas preguntas empecé a investigar y a leer. Héctor, además de psiquiatra, es politólogo. Fuimos tejiendo el armado de este libro con cruces entre psicoanálisis, sociología, política e historia. 

–¿Cuál es la particularidad de esta clínica?

Hay muchos puntos en común con situaciones relacionadas al estrés post traumático, pero con la diferencia, en estos casos, del sentimiento de culpa y el sentimiento de vergüenza. A nadie le daría culpa o vergüenza vivir un terremoto o un accidente con el auto, por ejemplo. El problema es el peso que tienen los silencios, lo que los padres no han dicho o han callado y ocultado. Hay padres que jamás torturaron, pero que estaban escribiendo en una máquina de escribir mientras en la habitación de al lado se escuchaban los gritos o se sentía el olor a quemado. Luego llegaban a su casa y se ponían a cenar con la familia. Es importante entender que esta gente integra familias que pueden ir sentadas al lado tuyo en el colectivo. No son monstruos, son personas comunes y corrientes en lo visible que fueron capaces de actos así.    

–En el libro hacen mención al rol de las mujeres de los militares. ¿Qué pudieron investigar al respecto?

Alguna mujer puesta en ese papel puede llegar a ser, inclusive, mucho más cruel que un hombre. Algunas actuaron -una está presa por crímenes de lesa humanidad en Argentina- y otras por lo general han sido cómplices. Muchas veces decían a sus maridos: “vos tenés que hacer lo que tenés que hacer”. Encubrían y ayudaban en la ocultación. 

 

–¿Qué efectos subjetivos produjeron los juicios por lesa humanidad?

Permitieron que muchos hijos e hijas se empezaran a hacer preguntas y a atar cabos sobre su historia familiar. También me pareció fundamental para el armado del relato que se incluyera en las currículas de historia, sobre todo de secundaria, lo acontecido en la dictadura. Creo que lo que este tipo de acontecimientos permiten es que muchas personas salgan del letargo y se empiecen a hacer preguntas. 

–¿El relato de los pacientes es la contracara de los años de secreto familiar?

La posibilidad de nombrar todo eso, por un lado, es liberadora, pero una como terapeuta sabe que el día que eso surge también se le abre al paciente un recorrido de dolor y enojo. Entendemos qué es lo que hay que hacer, pero sabemos que ahí no termina el recorrido. Cuando unx empieza a hacerse preguntas por supuesto que destraba algo, pero sobre lo que surja hay que trabajar. Dentro de todo es como un dolor que sabés de dónde viene. En cambio, si no se empieza a decir algo al respecto es como estar en una habitación oscura en la que no sabés ni dónde ni cuándo te pueden golpear.

–¿El concepto de “cripta” que desarrollan en el libro tiene que ver con esto que mencionás?

Efectivamente. La “cripta” es ese secreto guardado, silenciado a conciencia de la generación que lo produce, pero inconsciente en la generación siguiente que se transmite. Mucho más inconsciente aún en la tercera generación. Pero está. Por eso el título del libro “Los agujeros negros”. Los agujeros negros son las “criptas”. Esos núcleos que no son vacíos, para nada, sino que condensan demasiada información.

–¿Por qué es importante elaborar algo sobre el secreto familiar?

Los secretos familiares siempre tienen que ver en su entorno con la muerte o el asesinato, por un lado, o situaciones de incesto, abuso o delitos sexuales, por el otro. Generalmente son los dos temas que se callan, los dos grandes motivos del secreto. Es importante que se hable porque desde lo subjetivo lo que se elabora no se repite y desde lo social, como Estado, tenemos una deuda con esta gente. Hay un trabajo de instituciones sobre hijxs de las víctimas y desaparecidxs de la dictadura que los avalan, los contienen, se investiga sobre el paradero de sus padres. Eso tiene que estar, no hay dudas. Pero muchas veces hay hijxs de perpetradores que no saben adónde acudir. Creo que es un asunto pendiente y que habría que investigar más sobre esto.

–¿Pudieron encontrar cómo articular lo singular de un relato con los cruzamientos sociales y políticos?

Creo que eso depende de la posición que tengamos como terapeutas; desde dónde te parás a trabajar, no reducir todo el tejido que pueda surgir o atravesar una sesión a un trabajo netamente psicoterapéutico. Vas tejiendo cómo algún acontecimiento pudo haber influido en el relato actual del paciente. Hasta en la vida personal sucede. Yo fui una madre que a mis hijxs al salir no les decía “llevá el abrigo”, sino “llevá el documento”. El verdadero peligro en un momento cuando eras adolescente y joven era que te chuparan, no que pasaras frío. El contexto constantemente influye en la cotidianidad en la que vivimos. Eso repercute en la clínica.

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