domingo 27 noviembre, 2022

LOS ESCENARIOS DE LA POSTPANDEMIA

La pandemia del COVID-19 golpeó al sector teatral y generó una crisis sin precedentes. Distintos referentes del ámbito comercial y empresarial conversaron con Fixiones y reflexionaron sobre las consecuencias que produjo el cierre de la actividad, el panorama actual y los nuevos desafíos que se presentan ante la reapertura de las salas en la Ciudad de Buenos Aires. 

Por Josefina Frega |  Fotos: Martina Perosa


El teatro es el convivio. Lo presencial. El contacto con un otro. Cuerpos que se tocan entre sí en un tiempo presente sin intermediaciones tecnológicas. Todo lo que la pandemia en su momento evaporó y hasta incluso, ¿convirtió en utopía?

Indudablemente el cierre de las activades en marzo del 2020 demandó al sector teatral estrategias rápidas, pero también dejó en clara evidencia la precarización de los trabajadores y trabajadoras de la cultura.  Lo cierto es que hoy en la Ciudad de Buenos Aires, con la posibilidad de que se habilite el aforo al 100 por ciento, la actividad teatral parece dirigirse hacia su total reapertura. Un proceso marcado por expectativas, resistencias, pero también muchas heridas.

En este contexto, ¿cuál es la situación de algunas salas teatrales de la Ciudad de Buenos Aires? ¿qué dificultades las atraviesan?

Para Carlos Rottemberg, productor teatral y presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales (AADET) la situación es clara: “el sector pasa por su mayor momento de crisis de la historia, pero no sólo en Argentina, sino en el mundo”. Desde su perspectiva, el sector está golpeado porque “del pozo en el cual la pandemia nos ha hundido no se sale tan rápido, mucho menos en actividades donde una masa crítica de trabajadores y trabajadoras de la cultura vio afectada su fuente de trabajo”.

Uno de los desafíos que tiene la actividad- cuenta el empresario- es el de “lograr recuperar la confianza por parte del público”. Para él, “a medida que más testigos comprueben el cumplimiento de protocolos en las salas de espectáculos, se irá recobrando la confianza”. Se trata de un proceso lento. Y hasta se anima a decir que, “si lo sanitario lo permite, la vacunación se masifica y disminuye la potencialidad del virus, reconquistar esa confianza llevará todo el año que viene”.

Sin embargo, aclara que “eso no quiere decir que la gente no esté yendo a los espectáculos, al contrario. No hay dudas de que a medida que se siga demostrando que se minimizaron los riesgos con el cuidado de los protocolos, la actividad no parará de crecer”. De esta manera, con números que todavía no cierran, pero ilusionado frente a una reapertura sostenida, el empresario celebra la progresiva reactivación del sector: “A la expectativa de concretar decisiones, estaríamos dejando en este último fin de semana una larga etapa iniciada en marzo de 2020”, auguró el domingo pasado en su cuenta de Twitter.

En un mismo sentido, Sebastián Blutrach, dueño del Teatro El Picadero y encargado de la parte artística del Teatro Nacional Cervantes, afirma: “la situación de los teatros desde la reapertura de la última semana de junio empezó a ser finalmente pujante porque coincidió con el programa de vacunación que está siendo efectivo”. Para Blutrach, desde esa fecha hasta ahora, crecieron en cantidad de espectadores y de estrenos en todos los circuitos.

Sobre el sector independiente opina que “de poco se van incorporando nuevas salas”, aunque destaca que “algunas han quedado atrás” y otras tantas continúan “con complicaciones”.

Y es que después de un 2020 frenado por completo, y de períodos de cierres y reaperturas, el impacto en los espacios culturales se siente. Fundamentalmente en el independiente. Sin dudas, uno de los sectores de los más golpeados por los efectos de una pandemia que continúa vigente: según un relevamiento hecho por Asociación Argentina del Teatro Independiente (ARTEI), hasta julio de este año, apenas el 50 por ciento de las salas que nuclea la entidad había logrado abrir con alguna actividad.  

Sobre el regreso a la presencialidad, Alejandra Carpinetti, integrante de ARTEI expresa que se trata de un proceso “paulatino” y que constituye más “un acto simbólico, que una reconstrucción real”. De la misma manera, Cecilia Grüner, integrante de la asociación civil Espacios Escénicos Autónomos (Escena) y parte de la cooperativa El Piso Teatro, sostiene que “se está llevando a cabo de manera muy pausada”.

“El regreso a la presencialidad, es muy a pulmón, y el que pudo seguir adelante fue a fuerza de tracción a sangre”, complementa Mariana Cumbi Bustinza, integrante de la agrupación Profesorxs Independientes de Teatro (PIT). Desde su visión, “hoy estar sosteniendo teatro independiente tiene que ver más que nada con como esté cada artista para poder hacerlo”. El sostenimiento no es fácil, por eso remarca que, en este momento, “la cultura independiente necesita mucho apoyo”.

En relación a la necesidad de subsidios y ayudas económicas todas coinciden. Y tanto Grüner como Carpinetti señalan que desde el Gobierno de la Ciudad no hubo políticas de apoyo y acompañamiento creadas específicamente por la situación. Es decir, “lo que se ha hecho -remarca Grüner- es ejecutar, como todos los años, las líneas ordinarias de fomento a la actividad, pero no hubo una ejecución extraordinaria orientada específicamente a la situación de emergencia cultural”. Para Carpinetti, “la ayuda por parte del Gobierno de la Ciudad sigue siendo una gran cuenta pendiente”.  Sobre todo, enfatiza, si se tiene en cuenta “que hace del teatro independiente una bandera e inclusive lo declara patrimonio cultural”.

Distinta es la situación con respecto a Nación, que sí realizó durante todo el año “políticas de apoyo y acompañamiento”, junto con partidas presupuestarias orientadas a la emergencia. En ese sentido, “hubo un poco más de respuesta por parte de las esferas nacionales”, concluye Grüner.

Por ahora, aunque algunos sectores se muestran expectantes, el camino presenta muchos obstáculos y plantea siempre nuevos interrogantes. Lo cierto es que la pandemia expuso una precarización del sector, que es histórica. Sobre su situación actual hay una coincidencia fundamental: los recursos y las políticas estatales a largo plazo son esenciales para sostener la actividad. Al menos, para hacerlo de una manera no tan desigual.

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