INVENTAR UN ENEMIGO

Por Luciano De Angelis

En una entrevista que ahora queda perdida en el mar de contenido que se genera en las redes minuto a minuto, al periodista Daniel Arcucci le preguntaron antes del partido de Argentina contra México, después de la inesperada derrota en el debut mundialista ante Arabia Saudita, qué habría hecho Maradona en una situación así, ante la chance de quedar afuera de Qatar 2022 en solo dos partidos. Arcucci contestó sin querer generar falsa épica, con la autoridad y la simpleza que le da haber conocido a Maradona como pocos de sus colegas: “Diego se inventaría un enemigo, aunque no existiera”.

 

Después la selección Argentina le ganó a México por la segunda fecha de la fase de grupos con la dificultad lógica de jugar un partido en el que el agua subía lenta pero constante, amenazando con taparlo todo. El capitán salió al rescate. También dió una muestra perfecta de lo que es capaz y borró a Polonia del mapa con el uso de todos sus recursos, y así se aseguró el primer lugar de la clasificación. El equipo ante todo. En los octavos de final el rival fue Australia. Y la selección de Oceanía (pero que juega las eliminatorias asiáticas) corrió y presionó con intensidad, complicó las salidas, tapó los caminos, hasta se animó a tener un rato la pelota (aunque no parecía tener mucha idea de qué hacer con ella), desdobló esfuerzos para equiparar jerarquías a la vista muy dispares.

 

Iban 34 minutos del primer tiempo y Messi venía de errar un par de pases impropios en él. Puede que pesara el cansancio de haber jugado hacía menos de 72 horas (¿cómo hará la FIFA para cumplir su deseo poco fundado de que el fútbol sea un espectáculo más “entretenido” y “vendible” para las nuevas audiencias, si arma calendarios que atentan contra la materia prima esencial: los futbolistas?). La pelota se fue por el costado y el capitán la disputó con el lateral Aziz Behich. Quedaron cara a cara, Messi aceptó el roce, pero escapó a tiempo. Behich salió aturdido, y enseguida se llevó puesto a Alejandro “el Papu” Gómez. Y Lionel Messi se hizo cargo de ese tiro libre. Centro-arco, despeje y la pelota cayó de nuevo en sus pies. Ahí nació el primer gol argentino, el noveno suyo en mundiales (el primero en serie de eliminación directa) con el cual alcanzó a Diego Maradona. En adelante todo el partido (para él su número 1000 como profesional) iba a ser suyo. 

 

 

Una función en vivo y en directo en la que creó una variedad de jugadas que mezclaron al Messi de hoy, de 35 años, pensante y una madurez deportiva absoluta, con aquel de 19 que en el 2006 apilaba mexicanos incrédulos en esos octavos de final del mundial de Alemania. Simple: una demostración de que es el mejor, pase lo que pase. Como si hubiese dicho “juego a esto mejor que todos ustedes, déjenme a mí”, algo imposible de imaginar saliendo de su boca, pero sí reproduciéndose desde sus pies, a través de sus decisiones dentro de la cancha. Y lo hizo aún más notorio después del descuento impensado de Australia a los 31 minutos del segundo tiempo. Porque ese accidente deportivo generó que él diera un plus. Claro que el fútbol es como un cuento colectivo extraño, y entonces Messi necesitó de otros personajes para terminar de narrar la historia. ¿Las salvadas de los Martinez se gritaron tanto como los goles de Lionel Messi y Julián Álvarez? El capitán y el equipo que lo rodea de herramientas, identidad de esta selección.

 

Determinar con certeza que Aziz Behich se convirtió por esos segundos en el enemigo necesario para focalizar energías parece arriesgado. Fue la inmediatez entre ese cruce, el rugido del estadio defendiendo a su emblema y el despertar total de Messi lo que tientan a pensarlo. Pero también son los antecedentes los que parecen hablar por sí solos. Fue el mismo capitán argentino el que después de que Argentina quedara tercera en la Copa América de 2019 tras perder con Brasil en semifinales (y vencer a Chile en el descartable partido por el tercer puesto), quien se manifestó a favor de la ratificación como DT de un hasta ese entonces muy cuestionado Lionel Scaloni. Es también este mismo equipo el que llegó a la Copa América de 2021 con críticas de las más variadas (¿se acuerdan los que se auto refugiaban en la figura de los bienpensantes para preferir una derrota argentina y un volver a empezar desde cero basado en quién sabe qué cosa? Creo que andan sueltos por Qatar) y supo reponerse al empate en la primera jornada contra Chile para ir de menos a más y terminar ganándo la final a Brasil en el Maracaná.

 

Hay entonces ciertas adversidades desde las que surgen reacciones, respuestas individuales y colectivas que buscan una superación. Y la última fue la más resonante: comienzo de este mundial con una cachetada certera, un golpe seco y sorpresivo. Como un mal sueño del que había que despertar. “El fútbol y sobre todo el Mundial tienen estas cosas. No te dan tiempo de equivocarte. No hay otra lectura que levantarse. Nos vamos a levantar y seguir con la cabeza arriba para ganar los dos partidos”, dijo Scaloni después de la derrota contra Arabia Saudita. El mensaje fue tan sencillo como propio de un equipo que supo construir sus fortalezas (conocidas y a la vista) sobreponiéndose a los contratiempos. Qatar 2022 no fue la excepción

 

 

Si es cierto que el Mundial no espera y no permite equivocarse dos veces, el rival de cuartos de final pareciera una confirmación de la supuesta regla: los Países Bajos de Louis van Gaal. El histórico DT que cumple su tercer ciclo al frente de la selección europea es, además de un enorme entrenador, un certero declarante: “Messi es el jugador más peligroso y creativo. Pero cuando su equipo no tiene la posesión de la pelota, no participa del juego”, afirma con franqueza y agrega: “en 2014 Messi no tocó mucho la pelota y perdimos por penales. Ahora queremos nuestra revancha”.  Algo similar había dicho veinte años atrás sobre otro crack argentino, Juan Román Riquelme, cuando dirigía el Barcelona. “Cuando tiene la pelota en los pies, usted es el mejor jugador del mundo. Pero cuando no la tiene, jugamos con uno menos”, le comentó el día de su presentación. 

 

Pareciera sencillo imaginar qué haría Diego con estas declaraciones y de dónde sacaría un plus para dar lo mejor de sí el próximo viernes. Pero ahora él, como reza el nuevo canto popular, alienta desde el cielo, con los suyos, a Lionel. Será entonces su tiempo y será a la manera de esta selección que, como dijo Scaloni, parece estar hecha para este tipo de desafíos.

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