martes 4 octubre, 2022

“HACE FALTA TERRITORIO, MOROCHAJE”

En conversación con Fixiones, la dirigenta trans Paula Arraigada reflexiona sobre el escenario político actual, los discursos de odio y la necesidad de darle mayor protagonismo a los sectores populares en el Frente de Todes. “A veces la lealtad implica hacer sacrificios grandes, comerse sapos y acompañar cosas que no estamos de acuerdo. La lealtad significa no ser obsecuente, la lealtad siempre está con el pueblo”, afirma Arraigada.

 

Por Julián Romero l Fotos: Martina Solari Arena

 

El local de la Nelly Omar es un lugar cálido, acogedor. Fue pensado como un gran living con la intención de que los vecinos de Parque Chacabuco se sientan bienvenidos y puedan entrar, sentarse, discutir y, de paso, tomar unos mates. Está ubicado al sur de la ciudad, recuerda nostálgicamente el antiguo espíritu porteño, repleto de cuadros y fotos con imágenes que van desde Cristina Kirchner hasta la Coca Sarli. Allí, sentada desde un sillón floreado de dos cuerpos, Paula Arraigada recibió a Fixiones y recordó: “Cuando hicimos este lugar lo imaginamos como un culto a Cristina”. 

 

En 2019 Arraigada militó y participó del armado del Frente de Todos. Se convirtió en la primera candidata trans en formar parte de una lista para ingresar a la legislatura porteña. Los votos no alcanzaron, pero igual entiende que llegar a esa instancia fue un logro importante. Hoy, aquel lema de campaña “Todos, todas y todes” parece quedar lejos. La situación actual del gobierno atravesado por la pandemia, la crisis económica y la propia interna generó un retroceso, no solo en la inclusión de la comunidad trans en la toma de decisiones, sino también en la paridad de género en el gabinete. En cuanto a este último punto, Arraigada apuntó: “Nosotras siempre acompañamos aunque ni nos hayan llamado para saber si llovía. Hoy hace falta territorio, morochaje. Es tiempo de que ese eslogan se haga realidad”.

 

-Al asumir Alberto Fernandez planteó frente a la Asamblea Legislativa “Comenzar por los últimos para llegar a todos”. ¿Creés que esa fue la prioridad del gobierno en estos más de mil días que lleva?

Creímos que íbamos a volver mejores, quizás no fue así. La gestión siempre fue igual, desde un principio nosotras planteamos que las cosas no estaban bien y no fuimos escuchadas. Hoy nos encontramos ante una crisis de representatividad porque la élite gobernante no conoce el territorio, no camina los barrios. Los ministros, diputados y senadores, quienes realmente están en los espacios de decisión, no escuchan al pueblo y a los dirigentes de base. La gente tiene hambre y eso en un gobierno que se denomina peronista es inadmisible, es el fracaso. Entiendo, estuvo la pandemia de por medio pero después de casi tres años de gobierno debería estar solucionado. Faltan hechos concretos para solucionar problemáticas claves. Hoy el objetivo está tan diluido que no sabemos qué rumbo tenemos. Cuando vos no tenés un eje claro, el otro tampoco puede emparentarse y tener esa sensación de pertenencia que sí teníamos con Néstor y Cristina. Por eso la militancia hoy está desanimada y desilusionada. Por suerte, algunas dirigentas como Cristina Alvarez Rodríguez y Paula Penacca nos tienen en cuenta y nos representan, pero deberían ser más.

 

-¿Creés que hay poca participación de los sectores populares en la toma de decisiones? 

No puede haber un gobierno en donde solo los sectores académicos tengan la posibilidad de elegir sobre las necesidades del pueblo. Cuando mirás la primera línea de ministros, son todos blancos, no hay nadie que venga de los sectores populares. A mi entender lo que necesitamos hoy es un equilibrio. El hacer constante es lo que le falta a los ministerios: necesitamos personas que vengan desde los territorios. A la gente hay que inyectarle amor, mística y soluciones, eso se lo van a dar las soldadas de los barrios que vienen con las patas llenas de tierra. Nosotros llegamos para garantizar la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación, sería un gran acto de lealtad que los funcionarios que no funcionan en base a ese objetivo den un paso al costado. Se trataría de un gesto de grandeza para que lleguen otros que puedan generar algo distinto. Hoy tengo la responsabilidad de decir estas cosas con el fin de generar acciones positivas, no para quitar nombres. No puede haber nada sin nosotras, no puede haber gobiernos populares sin todas las clases sociales participando en la toma de decisiones. 

 

-Siempre hacés mucho hincapié y sos crítica con la academia…

He tenido una actitud belicosa con ese sector y muchas compañeras me han hecho mención de eso. Entiendo que hay una parte académica que es aristócrata y no representa a los sectores populares. El Estado se ha vuelto tan burócrata que hoy necesitás firmar 40 planillas para resolver problemáticas inmediatas. Nosotras estuvimos esperando una partida de alimentos desde agosto del año pasado y recién llegó hoy. El hambre es algo que se resuelve en el momento, no puede esperar. La aristocracia habla de las ollas y hace de eso una bandera. Para quien realmente lo necesita esa bandera no lo representa porque lo único que le interesa es comer. Hay una romantización de la pobreza y un desconocimiento notorio. Además, algo que me preocupa es que se piensa austero cuando se piensa en el pobre, se otorgan alimentos de pésima calidad. Cuando Evita pensaba en los humildes siempre imaginaba una mujer rica y le daba lo mejor. De un tiempo a esta parte eso cambió. Hoy el Ministerio de Desarrollo Social entrega fideos que ni siquiera ellos pueden comer. Ante ese panorama desigual aparece el odio. 

-A partir del intento de magnicidio a Cristina Kirchner se habló mucho de los discursos odiantes y del odio, ¿entendés que la situación actual incentiva la escalada de violencia?

 

Esto terminó de remarcar que el pueblo no está bien. Tenemos que reflexionar como espacio y preguntarnos: ¿qué hemos hecho como fuerza para que estos discursos, que antes existían pero por lo bajo, suban de nivel? Si eso ha avanzando habla de que como frente hemos decrecido. Evidentemente como fuerza política no terminamos de plasmar ciertas políticas y ante esa crisis es que aparecen estas manifestaciones. Además, entiendo que el odio no siempre está implícito en una palabra, sino que puede estar enquistado en ciertas prácticas que provocan desigualdades. Eso también es una forma de odiar y no necesariamente es un discurso odiante, eso llega después. Desconocer las diversidades, la falta de observación hacia las políticas públicas destinadas a las disidencias y la poca participación que nos ofrecen forma parte de lo mismo. Está el ninguneo, el desprecio, la desidia y ahí nomás se encuentra el odio.

 

-¿Consideras que eso se da también dentro del frente?

 

Sí, me parece un poco hipócrita que hagamos bandera sobre esos discursos de odio y los critiquemos cuando desde nuestro espacio, a veces, reflejamos lo mismo. Del otro lado es más explícito, pero me parece falso que desde el peronismo señalemos eso cuando algunas prácticas que llevamos a cabo esconden algo parecido. Por ejemplo, cuando nos ningunean a las que aspiramos lugares de poder por tener una sexualidad distinta o se canta hablando de los “putos radicales”. El desprecio es tremendo, yo lo he vivido en carne propia y duele más cuando viene de los propios compañeros que dicen ser los salvadores de la patria. Si vamos a hablar de odio, hay que hablar del que tenemos y no reconocemos. 

 

– A más de un año de la sanción de la ley de cupo laboral travesti-trans ¿se está implementando de la manera que esperaban?

 

Hay un problema en la interpretación, esa ley se militó pensando en que teníamos que salir a socorrer a un sector que nunca había tenido acceso a nada. La idea era cubrir sobre todo a las femeneidades trans mayores a 45 años teniendo en cuenta que la mayoría no completó sus estudios secundarios. Hoy, el Estado toma pibas jóvenes que cuentan con una preparación académica superior, el otro día ví una búsqueda laboral en donde pedían una especialista en técnicas alimentarias. La gente joven tiene más posibilidades, van a conseguir laburo igual. El error se da porque la ley se está llevando a cabo por sectores que no forman parte del movimiento, hay una falta de realidad. Esas personas romantizan nuestras luchas, plantean que es un gesto heroico que hayamos vivido lo que vivimos y se emocionan, pero nosotras necesitamos soluciones y no las tenemos, la incorporación es mínima. Para quienes hemos luchado tanto es penoso ver que las compañeras siguen en la calle, la mayoría vive del trabajo sexual. 



-Teniendo en cuenta lo que planteaste, ¿te sentís cómoda formando parte del gobierno?

 

A veces la lealtad implica hacer sacrificios grandes, comerse sapos y acompañar cosas que no estamos de acuerdo. Ahora tenemos la responsabilidad de señalar que las cosas no se están haciendo bien. Nos hemos ganado la legitimidad para hacerlo, soportamos cuatro años de macrismo con persecución y pobreza. La lealtad significa no ser obsecuente, la lealtad siempre está con el pueblo. Hoy, parte de nuestro gobierno tiene sordera, no escucha y lo digo con dolor. El año que viene tenemos que ganar la elección porque el pueblo sino la va a pasar muy mal, pero también tenemos que ganar para ofrecer un mejor producto. Tenemos que aprovechar este momento de unidad y terminar de esclarecer el objetivo. En ese sentido Cristina volvió a marcar la escena y es la única líder que traza un rumbo. Hoy la esperanza está encarnada en ella. Espero que ese camino sea el correcto.

 

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