viernes 19 agosto, 2022

FEMINISTAS DE CORRESPONDENCIA

“Nunca me dejes de responder” es una promesa hecha libro que compila los seis meses de intercambio de mails entre dos comunicadoras sociales enredadas en lo que implica vivir, crecer y al mismo tiempo transitar un cáncer de colon y una esclerosis múltiple durante el 2019. En conversación con Fixiones las autoras Estefanía Enzenhofer y María Lucila Quarleri, reflexionan sobre cómo se refleja su voz como escritoras, la juventud y la enfermedad, en el libro que publicó en 2020 la editorial PopuLibros.

Por: Martina Solari Arena y Malena Costamagna Demare |  Foto: Martina Solari Arena

“Me siento corta de palabras desde que me pasó lo que me pasó”, escribía Lucila durante aquel invierno en el que empezó a escribirle a una desconocida. Estefanía, la destinataria, era una ex compañera de un taller del Centro Cultural Rojas, y a quien había visto a través de Instagram, donde compartía sus inyecciones de Natalizumab, la droga que estabilizaría su enfermedad por primera vez. Las separaban casi 1200 kilómetros. En Mendoza, Lucila se recuperaba de su cáncer de colon luego de que su diagnóstico y operación a finales del 2018 la obligaron a descansar. En Buenos Aires, Estefanía convivía con su esclerosis múltiple. Su último brote, un año antes, la había dejado sin habla. Acababa de renunciar a su trabajo por su deseo: escribir. En medio de la búsqueda surge el encuentro, y después del silencio, sus voces. 

 

En la actualidad Estefanía escribe su autobiografía y capitanea el blog que fue su tesis en la carrera de Comunicación Social (UBA): “Vaga Fiebre” (https://vagafiebre.com/ @vagafiebre en instagram). A través del recuadro que devuelve la pantalla, ella saluda mientras fuma con la mirada puesta en otra parte. Mientras, Lucila, que ahora se dedica a escribir teatro, estudiar y dar talleres, conversa con una toalla en la cabeza a punto de almorzar sentada en el suelo. ¿Quién se hace cargo de los cuidados que necesitan las personas que temporariamente no son saludables? y ¿cuándo estás enferma para siempre? Si no me hubiera pasado esto, no sé si yo me fijaría en tantas cosas, pensaría que la enfermedad es algo de la vejez” dice Estefanía en relación a su esclerosis múltiple. 

 

-¿Qué es lo primero que recuerdan haber escrito en sus vidas?

Estefanía: Encontré un poema que escribí cuando tenía seis o siete años sobre los pájaros que siempre me impresiona porque rima. Siempre escribí de todo. Mucho diario íntimo. Nunca dejé de escribir. Cuando entré a la UBA me costaba bastante porque tampoco me interesaba tanto el periodismo, que es siempre en tercera persona. Entonces empecé a hacer talleres de escritura creativa de no ficción. Siempre me interesó la no ficción, me parece mucho más interesante la vida que la ficción. Nunca pude correrme del todo de la primera persona, aunque esté haciendo un texto periodístico. 

Lucila: Desde muy chiquita fui de ir con el diario íntimo todo el tiempo. Lo que sí me acuerdo, es que mi hermana tenía un álbum precioso con su peso, el color de su pelo, las fotos con los abuelos y yo lo tenía totalmente incompleto. Era la segunda, mi vieja fue siempre disparatada y desorganizada. Había una foto mía, una del bautismo y nada más. Entonces empecé a completar mi historia. Ponía una foto de mis amigas y escribía: “estas son mis amigas del alma, ellas me aman”, toda una poesía berreta. Lo sigo teniendo en mi casa y cada dos por tres lo abrimos con mi mamá y nos tentamos. Después ponía: “estos son mis perros, me acompañan constantemente”. Eso fue lo primero que escribí. 

 

-Estefanía, en el libro decís que primero fuiste lectora y después escritora ¿cómo fue ese pasaje?

E: El leer siempre fue un refugio para mí. Llegué a un país donde no hablaba el idioma y no entendía lo escrito, y me habían incentivado mucho con la lectura en Estados Unidos. En el momento que tenía que decidir qué hacer con mi vida, que es una pregunta súper existencial y muy fuerte para esa edad, me abracé a lo único que realmente sabía que quería hacer, que era leer y lograr alguna vez que mis palabras atraviesen a otra persona de la misma manera en que me habían atravesado a mí, que es bastante narcisista. 

 

-¿ Y qué hay de refugio en “Nunca dejes de responderme”?

E: Lo que proponemos en el libro es la praxis, una manera de acercarse, una manera de comunicarse, de establecer y mantener un lazo, que tiene por objeto a veces la enfermedad y a veces no lo tiene. La escucha atenta, la reflexión sin entrar en esta dinámica tuitera donde todo el mundo tiene un titular. En relación al título que elegimos, implica muchísimo. Eso que parece una frase suelta termina siendo una idea fuerte que está presente en la novela y que habla de poder construir ese lugar en donde estes, con la persona que estés, con la relación con tu cuerpo que tengas.

 

-En el primer mail de Lucila, confiesa que se siente corta de palabras “desde que me pasó lo que me pasó”, dice. Ambas admiten sentirse sin palabras. La enfermedad se las quita ¿qué las trajo de vuelta?

E: Nuestros diagnósticos con Lu son muy distintos. Después de cada brote me pasaba que no entendía nada de quién era, qué me interesaba y qué me gustaba. La verdad que ser joven y estar enferma no es tan común. Todo lo que está escrito en ese libro son más de cinco años lidiando con la enfermedad. Después de cada brote perdía toda confianza en mí misma cuando me deprimía y la enfermedad volvía a atacar y yo pensaba bueno “¿pero qué estoy haciendo mal?”, y todas estas cosas culpógenas que nos venden. La palabra vuelve cuando una está dispuesta a hacerse cargo de esa palabra. Antes hay boludeces, ni siquiera me salía eso a mí, yo directamente cerraba. 

L: Una enfermedad te atraviesa el cuerpo literal y metafóricamente. Cuando estaba enferma repetía, recibía y repetía. El médico me decía algo y lo repetía. Se me empezó a acomodar el cuerpo con las cartas con Tefa. Fue ir adentro, escupir cosas horribles que en ese momento me dolían, que no entendía.

 

-Lucila en el libro decis que “podes ser la mejor inútil de todos los tiempos” ¿Cómo se vincula la publicación de este libro a la vuelta de productividad?

L: Me da un poco de miedo eso, porque este libro lo logramos gracias a esa improductividad. Entonces siento que si quiero volver a escribir algo así, tengo que estar en cero. De verdad que cuando recibía el mail de Estefanìa me agarraba una adrenalina. Tenía una escalera inmensa, bajaba, calentaba el mate, me hacía unas tostadas, ponía mermelada, leía el mail, a veces lo imprimía, después empezaba a escribir el mío, después lo volvía a corregir. Todo queriéndole escribir a una conocida. 

Hacía tres o cuatro años que me dedicaba a lo que me gustaba. Mientras estudiaba Comunicación había empezado también actuación con Julio Chávez, tenía escrita una obra, laburaba en un teatro, en una galería de arte. Pero muy con el motorcito aspiracional del otre. No con lo que me gustaba, con los tiempos que necesitaba, con las formas. Ahora escribo y trabajo de escribir, no hago otra cosa que eso. Estudio dramaturgia en la EMAD, curso dos mañanas: cinco horas y después estoy otras veinte trabajando semanalmente para mi escritura teatral. Y también tengo proyectos teatrales que son mi trabajo, los talleres que doy son mi ingreso. 

E: Estaba en Buenos Aires y había renunciado a un laburo que me resultaba muy exigente, emocional, mental y físicamente. No dudé tanto en el momento de tomar la decisión y después me quedé pensando qué carajo acabo de hacer, por qué no lo pensé un poco más. Se estaba yendo Macri, me había sacado un pasaje a Río de Janeiro. Tenía ganas de hacer cosas, pero la verdad estaba muy triste. Un proceso difícil de enfrentarlo a mi viejo, de tener tiempo y espacio mental para pensar en todo lo que me había pasado. 

El intercambio que habíamos tenido era hermoso por ser espontáneo, pero no por eso menos laburado. Con Lu lo que nos pasa es que somos muy diferentes las dos y creo que esa es la gracia del libro. Dos posturas tan distintas unidas por una fatalidad. Encontramos fuerza la una y la otra, para salir de esa. No comparto lo de la inútil más grande del mundo. Tengo la enfermedad para siempre, quiero hacer un montón de cosas, cambiar el mundo, poner el laburo que significa hacer eso, crear una obra a partir de mi enfermedad.

 

-Estefanía en un momento decís que te asustaba tu deseo para encarar los proyectos. 

E: Me re asustaba, sobre todo en ese momento que mi deseo era escribir. Renuncié y de pronto me habían ofrecido un contrato de un libro y estaba escribiendo. Me costó mucho entender cuál es mi deseo, por eso me asustaba en ese momento, porque mi deseo me decía no vayas por lo que hiciste toda tu vida, que era apegarse a las reglas, ser la mejor en algo.

 

-¿Qué les trajo la enfermedad? 

L: Encontré ciertos límites re sanos cuando enfermé que me re ayudaron con un montón de movimientos que necesitaba hacer, para tomar decisiones muy piolas, que las sigo tomando, y que todos los días me tengo que acordar. 

E: A mí me trajo no poder hacerme más la pelotuda, no sé si es un regalo, pero lo agradezco. También me parece que hay que dejar de ver la salud y la enfermedad de manera tan dicotómica y binaria. En “La teoría de la mujer enferma” Johanna Hedva dice que cuando la norma es la salud, la no salud se hace temporario. Entonces ¿quién se hace cargo de los cuidados que necesitan las personas que temporariamente no son saludables? y ¿cuándo estas enferma para siempre? La enfermedad me parece súper política. Si no me hubiera pasado esto, no sé si yo me fijaría en tantas cosas, pensaría que la enfermedad es algo de la vejez. 

 

-¿Cómo se re configura el feminismo? ¿Cómo cambió la enfermedad la forma de concebirse feministas? 

E: Empezás a ver muchas más desigualdades, más violencias. Es como un feminismo reloaded. Antes decía que la existencia es una tragedia, y realmente creo que lo es, pero también es como que te dan ganas de pelearla, ganas de pelear contra lo impuesto, contra el status quo, contra las prácticas de gente pelotuda, gente que no entiende y que hay que explicarle todo. Es una práctica feminista, práctica pedagógica, y una práctica de mierda que nosotras tenemos que hacer. Pero como dice Johanna Hedva en La Teoría de la Mujer Enferma “¿qué formas de protesta tienen las personas que no se pueden levantar de la cama?”. Nunca va a haber una marcha de enfermes. Sí, me hice una feminista más rompe pelotas. 

 

-Se tiene más reconocimiento si se hace feminismo en la calle y no tanto en la esfera de la privacidad. 

L: Creo que ahora una sabe que las militancias feministas pueden ser múltiples, pueden ir buscando distintos mares. Como yo escribiendo una obra de teatro, hay muchas formas.

 

-¿Qué forma particular como texto político tiene “Nunca me dejes de responder”?

E: Es un manifiesto. Un manifiesto de ser joven, estar enferma y de que el mundo sea una verga. Es eso de la praxis, de que hay maneras.

L: Lo epistolar. El intercambio tiene mucha fuerza, el de nosotras dos. Esa actitud de tocar el hombro a otre y decir: ¿qué tal? No sé bien qué es lo mejor y lo peor del feminismo, pero esa atención hacia la otra, la atención noble, realmente empática, que vos sabes y entendés todas las batallas de la otra, o querés entender las batallas. Para mí eso es lo mejor del feminismo. 

 

-¿Cómo fue el momento donde decidieron publicar los mails y hacer un libro? 

E: Fue el covid. Diijimos: tenemos que hablar de esto, porque todo el mundo va a estar enfermo, espiritualmente, nadie sabe qué va a pasar. Tenemos que escribir desde nosotras ahora.  

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