miércoles 25 mayo, 2022

“ESTOY MUY ATENTA A LO QUE ESTÁ ESCRITO EN LA CALLE”

En 2001 Sara Hebe llegó a Buenos Aires desde Trelew, Chubut, en medio de corridas, represión y bombas de estruendo. Más de veinte años después, Sara fabrica sus propias bombas y las hace explotar en el escenario. “Lo mío pasa por la fuerza del recital, por el espíritu de lucha. Para conocerme, Spotify no es nada: hay que ir a mi recital y ahí se ven los pingos”, cuenta a Fixiones a un mes de presentar su quinto álbum, “Sucia Estrella”, en el Teatro Flores. 

Entrevista Martina Solari Arena | Fotos : Martina Solari Arena y  Mariana Ferreyra en foto de portada. 

“Pivoteando” de acá para allá, como le gusta decir a ella, Sara Hebe se inspira en todo lo que la rodea, estudia y aprende viajando. La “hija del loco”, como le decían en Trelew, hizo un largo recorrido hasta asentarse en el barrio porteño donde vive y recibe a Fixiones. Acompañada por su productor, Ramiro Jota, desde los primeros momentos donde se animó a jugar, Sara experimentó géneros como el hip hop, rap, punk, rock, cumbia, reggaetón. “Musicalmente voy virando como una loca, usando cualquier base de cualquier estilo, porque realmente no me importa nada”, afirma. Sus líricas están marcadas por una pesada y para muches incómoda carga social; las distintas luchas se cuelan en varios de sus temas y ya forman parte del soundtrack de las marchas y de las primeras tres temporadas de la serie televisiva El marginal. Este viernes 9 de abril, las redes sociales conocieron su nueva entrega: el disco “Sucia Estrella”, quinto álbum de su carrera. La presentación en vivo será  el 28 de mayo, en el Teatro Flores. 

-¿Qué querías ser de chica? 

-Siempre jugué a armar shows. Inventaba canciones, bailaba, hacía de cuenta que estaba frente a una cámara y actuaba. Terminé jugando a lo mismo que jugaba cuando era chica, pero de una manera más seria y con un encuadre económico. Hice una película que se llama “Expansivas”, de Ramiro García Bogliano. Ahora en Chile me invitaron a actuar en otra película. 

-Muchos jóvenes que estudian en la ciudad, migraron previamente de otro lado. Te mudaste en el año 2001 a estudiar abogacía, ¿cómo fue ese proceso? 

-Me encontré con un escenario de estruendo de bombas, de corridas, pero yo estaba en un problemón muy íntimo…Buenos Aires me parecía tan enorme… Al principio trataba de ubicarme en esta ciudad y no la entendía, era el principio de la búsqueda. Pareciera que siempre que hay situaciones de conflicto alrededo, guerras, pero la vida sigue. En mis primeras letras se ve mucho mi identidad del sur, patagónica. Con los años se ve cómo se va urbanizando mi poética, mi lírica. Cuando me preguntan de dónde soy, respondo que de Trelew, nunca voy a decir que soy de acá, aunque me haya ido hace casi 14 años. Me identifico con ese paisaje, con ese clima que te forma, con ese clima hostil, la situación económica, la falta de agua.

-¿Volverías al sur Sara? 

-Vuelvo cada tanto, cuando puedo. Antes no tenía mi casa en Buenos Aires. Ahora la construí acá, con todo lo que eso significa. Tal vez me quedaría acá, pivoteando, siempre. Creo que elegí música para poder viajar, para poder moverme. Me gusta mucho ir al sur, cuando voy me desconecto, me pasa cuando voy a cualquier lugar de más paz y amplitud. Aunque acá hay otro tipo de amplitud, más social. Hay que ver qué va pasando.

-¿Qué pasó desde que te mudaste a Capital? 

-Estuve un año acá en Buenos Aires. Viví en una pensión, también en un departamento con una amiga por Facultad de Medicina. Después disparé a Córdoba Capital porque un novio iba para allá. Me metí en la carrera de abogacía, me hice varias amigas que son amigas hasta el día de hoy. El derecho me encanta, pero no puedo estar sentada. Me gustaban las clases, pero no estudiar. Paralelamente, empecé a estudiar teatro. Nací para ser actriz y cuando volví –en el medio pasó por La Plata– estuve unos años estudiando con varios maestros en el mundo del teatro político y popular. Después me aburrí. También tomé clases de dancehall y hip hop.

-Con todo ese recorrido llegás a tu álbum “La Hija del Loco”, en el 2009.

-Hice una canción con una pista de internet y dije “listo, voy a hacer un disco”. Encontré en un mix en el que conviven la actuación, la palabra, un poco el baile, el testimonio de lo que veo y siento, lo que me duele y me conmueve a nivel social. 

-¿Cómo fue tu acercamiento al hip hop? 

-El primer CD que me compré en mi vida fue de hip hop. Lo que me inspiró fue el rap, bandas underground que se estaban formando acá en Buenos Aires, otras grandes referentas como Actitud María Marta, Todos tus Muertos. De afuera, Mala Rodriguez. 

-¿Fue complicado hacer música cuando la mayoría de los artistas del momento eran hombres?

-Mis referencias fueron pocas, hice lo que me salió al no tener tantas referencias estéticas de mujeres, pero sí había de otras bandas. Escuchaba cumbia, rock, Beastie boys, Lauryn Hill, The fugees, Intoxicados, Viejas locas. Me salió algo re raro. No sé qué decir de esto, no se me hizo difícil, sino no lo hubiera hecho.

-¿Qué te inspira al escribir?, ¿por dónde empezás?

-Parece re pedorro, pero todo me inspira. Hay canciones como ACAB, del disco Politicalpari, la que hicimos con Sasha Sathya, que la escribí por una situación particular que viví en territorio español, donde un guardia civil me paró y me maltrató un poco. Fuimos a Constitución e hicimos el video con las travas y putas. La canción “Chiri” la hice en medio de la pandemia, que me inspiró al igual que la persecución policial. Fuí a AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina), para ver cómo podía dar una mano, donde pintó un video en el que participaron las putas de la Casa Roja, como Georgina Orellano  y sus compañeras. 

 

-Soles decir que no te gusta definirte. 

 -Es imposible porque tengo temas punk rock digital, reggaeton, cumbia. El disco nuevo es más techno, tiene matices de pop. Lo que sí podría decir es que mi música es alternativa, y ultra diversa. Hay algunos temas que son más hip hoperos, otros son canciones con más estribillo.

-¿Hay canciones que te aburre tocar? 

-Hay canciones que nunca voy a dejar de hacer, hay algunas que no me estaban gustando tocar y ahora retomé, que son las más populares. A veces la gente va a los recitales solo por esas. A mi me habían dejado de gustar por cosas técnicas de sonidos, por sonidos viejos. Por ejemplo con “Asado de fa”. Unas que nunca dejé de hacer son “Lujo Popular” y “Sufre Nena”, las dos del disco Puentera (2012). “Histórika”, a veces hay que hacerla sí o sí. 

-¿Qué sentís al saber que tu música forma parte del repertorio de canciones de lucha en las manifestaciones, como en las marchas por el 8M? 

-Me conmueve y me emociona que las canten las pibas, la gente, que las tocan, que de alguna manera “sirven” y que se pueden utilizar como se utiliza un graffiti. Ahí siento que gané, al igual que cuando me invitan a tocar en un festival comercial, como el Quilmes Rock.  Mis canciones vienen de las marchas, estoy muy atenta a lo que está escrito en la calle, a lo que se dice.

 

 
“Lo mío es más desacato”
 

 

Mientras se prende un pucho, Sara  recuerda: “en la escuela popular de teatro aprendí que lo popular es salirse del escenario, de la sala, y no esperar que venga el público, sino ir al territorio. Ya está escrito lo que digo, yo después le doy una vuelta”. 

-¿Qué tan importante, como cantás en el tema “No te dejes”, es romper el suelo y seguir hasta abajo? 

-Siempre estuvo la danza, porque soy una loca desde chica. Siempre que hubo una música, un baile, una fiesta yo estoy ahí dándolo todo, sacada en el baile. Me sale visceralmente. No soy de la coreografía, lo mío es más desacato. Siempre invité amigues a mis shows a que hagan lo que quieran, diferentes estilos. Todo lo nuevo que veo es muy coreográfico, y es del capitalismo, que expulsa un poco la singularidad. A mi no me sale, me encantaría, al final soy una deforme y me gusta esa deformidad. “Sal fina” es un tema que dice para que baile como quieran.

-¿Qué artistas mujeres te gustan de la escena de hoy?

-Nathy Peluso es una grande total. La vi en vivo en el Cosquín Rock. La Rosalía me inspira, me inspira muchísimo la gente nueva. ARCA también, es una artista venezolana, trans, le produjo temas a Rosalía y tiene temas propios. 

-¿Abandonarías la música como jugás irónicamente con esa idea en el single “Almacén de Datos”? 

-Al final sigo encontrando pasión en esto que hago, y sigue mi deseo acá, en las canciones, en los recitales, en la banda. Hay una industria que no había cuando empecé y es muy difícil ponerse a la par, tratar de vender entradas, hacer un video que es carísimo. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Ese un poco el chiste de “Almacén de datos”, mejor me pongo un bar, cualquier cosa se me cruza por la cabeza, pero al final sigo con esto. En Argentina salen temas de un nivel que yo no puedo sonar así ni en pedo, no es mucho mi estilo, no tengo la paciencia, además soy muy punky. Sigue siendo complicado “sonar bien”, pero lo mío pasa por otro lado, pasa por la fuerza del recital en vivo, por el espíritu de lucha. Para conocerme, spotify no es nada: hay que ir a mi recital y ahí se ven los pingos, en la cancha. Lo digo en serio.  

 

 

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