domingo 27 noviembre, 2022

"EL PERONISMO SIEMPRE ES BARROCO"

El arte, las identidades políticas, el rol de las imágenes, las nuevas tecnologías y el peronismo, forman parte del laboratorio creativo de Daniel Santoro, de sus reflexiones y de su obra. El artista plástico conversó con Fixiones sobre todos estos aspectos, el modo en que se articulan y mutan a lo largo de los años, y también en el presente

Por: Juan Schtivelband Guindi  |  Fotos y videos: Martina Solari Arena


Daniel Santoro, el artista plástico que inmortalizó parte del peronismo en sus pinturas, recibió a Fixiones en su casa, ubicada en el barrio porteño de Monserrat. Entre animales disecados, muñecos de series y películas, pinturas y diversas apariciones de objetos peronistas, bustos de evita, una réplica de del auto Packard utilizado por Peron y Evita y varios dibujos que retratan hitos del movimiento, ubicadas en todas las salas, el artista vertió definiciones contundentes, por momentos controversiales, que dejan expuestos algunos de los debates históricos al interior del movimiento, pero también sobre la discusiones actuales en torno a las identidades políticas, el rol del arte y las imágenes en el escenario de las nuevas tecnologías.


–¿Qué relación se puede establecer entre arte y peronismo?


El peronismo siempre es barroco, en el sentido aditivo, latinoamericano. No al estilo histórico, sino el que se produce en América Latina, ese que es de múltiples apropiaciones y no le hace asco a nada. Estamos tanto con Wos como con el teatro Colón, no hay diferencia, son todas expresiones del pueblo. Que el teatro Colón haya sido capturado por una élite no es un problema de la música clásica, es un problema de la política y de cómo se tramita. Porque, por ejemplo, la ópera es muy popular. Entonces, hay que entender que no es una música o la otra, es toda. El barroco es siempre todo, me lo devoro todo. Aparece la iglesia del Cristo de los últimos días y me la como también, con Gilda o la revista Ramona. Es hacer convivir todo. Eso es el barroco y el peronismo. Cuando es todo, es que estás bien, estás sano. Sino, es como que tenés una dieta demasiado específica, ser omnívoro en el sentido cultural y político. Esto acerca del arte, después lo multiplicas por todo, porque abrir todo y a todos es también no competir con el otro de quien leyó, escribió o hizo tal cosa. Sobre todo, es no creerse que sos vanguardia, eso es fundamental. El peronismo en ese sentido es plano, es más taoista. Pensando en el famoso versículo, tan polémico, que dice: ‘mirar a todos como perros de paja’. Son todos perros de paja, no pasa nada con eso. Juntarse aquellos que leyeron con los que no leyeron tiene que ver con la misericordia del peronismo. Eso de no imponer un club exclusivo de la vanguardia, donde se cobra si vos sabés alguna cosa o se excluye si no sabes otra, si tenés algún giro simbólico que te identifica.


–¿Considerás entonces que no hay límites, que el peronismo puede albergar a sectores tan diversos entre sí?


No solamente puede, sino que debe. Por eso digo también, provocativamente, que la iglesia del Cristo de los últimos días y las  en iglesia evangelista pueden ser muy peronistas y podrían conducir el peronismo tanto como puede conducirlo a alguien que está muy formado en los temas de género como puede ser Ofelia Fernandéz, que también es peronista. Tenemos la labor de pensar que conviva Ofelia con la Iglesia Católica, evangelista o con el Cristo de los últimos días. Porque si no hay convivencia, no hay peronismo. Y si no hay peronismo, estamos equivocados. Todas estas son formas de peronismo. Ofelia va a hacer otro peronismo y el peronismo va a ser lo que quiera Ofelia, Pepe Rosemblat, la juventud, toda esa gente que va a estar encargada de conducir. No va a ser lo que queramos nosotros, los más viejos. Pero para conducir hay que estar siempre abierto, porque sino terminamos achicándonos cada vez más. Y al peronismo no le puede pasar, porque eso era el viejo partido de vanguardia que no sirve para nada. Aquel que siempre está mirando la historia desde lejos y para las minorías. El que conduce lo hace para una mayoría, para todos. Porque al limitarse uno, pierde. La forma es romper todos los límites. Uno se pone un límite para poder decir es más allá, más allá del límite, siempre más personas. Si hay un límite, vamos todos para el otro lado. Tiene que servir sólo de guía para poder romperlos,  para pasarlos,  para  vulnerarlos, para nunca estar donde te esperan. Porque si no, vas a estar y te van bajando. Hay que evitar tener conductas repetitivas y determinados parámetros, porque los límites los ponés por miedo, por no animarse a avanzar. Y sin estos límites, y con las contradicciones que pueden empezar a surgir en los debates, empieza a hacerse política. Por incluir al otro que tiene formas y pensamientos distintos no vas a dejar de ser lo que sos; lo que vas a lograr es que vas a poder construir para todos. Llegar a ser un partido de mayorías es una política de apertura real, eso es ser peronista. Si cerrás todo, terminás haciendo metafísica, estás protegiendo tu lugar simbólico creyendo que sos alguien y no sos nada, igual que todo el resto. Eso es la misericordia cristiana, ser misericordioso es saber que el otro piensa de otra manera  pero igual podes dialogar y construir porque tendrá sus motivos. 


–En estas últimas respuestas hacés mucho hincapié en la religión…


Lacan decía de Heidegger: “no saben lo relevante que va a ser la religión en los años que viene, va a ser lo más relevante” ¿Ahora pensamos que no podemos ser católicos?, ¿acaso no podemos creer en dios? Considero que no es así, porque ese sería otro límite que nos imponemos. Todo puede pasar, ya nada está tan seguro. Entonces el peronismo también tiene que entrar en esa lógica, abrir las puertas y las ventanas para que entre todo el aire del tiempo y que produzca todos los cambios que tenga que producir, porque lo peor es cerrar las puertas, hacer partido de minoría. Por eso esperemos que venga la iglesia evangélica, que es lo más importante que está pasando en los  los últimos tiempos a nivel social: la gente se está juntando masivamente en las iglesias evangélicas porque ahí también se hace política. El peronismo no puede quedar refugiado en los lugares que le vienen más cómodo, las universidades, los sindicatos y nos la tenemos que ver con eso y ver qué hacemos.


–¿Cómo ves el estado del arte polìtico en la actualidad?, ¿qué aspectos se fueron modificando en los últimos tiempos? 


En la actualidad existe una corriente de arte político que dice cosas, que plantea cuestiones que tienen que ver mucho con el arte conceptual, el arte de archivo, con el uso de las palabras en el arte, los significantes como estetización de las significaciones y demás, que está muy bien, pero que es absolutamente elitista y de núcleos. Sobre todo, en el último tiempo, fue capturado por el mundo universitario, que penetró en el campo del arte muy eficazmente, produciendo, por ejemplo, todo lo que tiene que ver con lo curatorial. Este es el mundo que explica cosas que antes nadie explicaba, algo que antes hacían dos o tres tipos nomás, como Rafael Squirru o Romero Brest. Hoy en día eso cambió mucho. Hay miles y miles por años que se reciben en las universidades, gente que te explica acerca del arte, algunos que ni siquiera son artistas. Al punto que hoy en día ya se confunde, porque hay curadores que empiezan a ser artistas y artistas que empiezan a ser curadores, que empiezan a explicar cada vez más. Es una especie de principio antrópico que empieza actuar ahora mismo y en unos años estas cuestiones van a quedar completamente indiferenciadas. El curador va a ser artista y el artista también curador.  


–En esta circunstancia, ¿la imagen sigue teniendo relevancia?


Completamente. Ahí está la captura de la semiótica. Todo es semántica y el arte político se presta mucho a la semantización, por eso me quedo en la preeminencia la imagen. Es difícil superar en la instancia en que hay una superficie pintada. Y esa superficie transmite un imaginario, una propuesta imaginaria que puede transformar, porque tiene una diversidad de usos. Entre ellos puede transformar algunas cosas a nivel personal, ya que siempre el arte es una relación directa entre un sujeto, alguien que mira, y un objeto o una imagen. Ahora el sujeto y el objeto se confunden, algo que en el pasado no ocurría. Hay una relación entre el sujeto y el objeto diferente que se va modificando. Pero en el oficio de la pintura, del dibujo, la imagen sigue teniendo una relevancia. Por ejemplo, tuvo que aparecer el Guernica para que el Guernica, aquel bombardeo en la localidad vasca el 26 de abril de 1937, se reformulara. Cuándo aparece el cuadro, y hoy en día cuando hablás de Guernica, se hace referencia al  bombardeo y al cuadro. Si no hubiera estado el cuadro ese bombardeo no podría referirse porque estaría olvidado, muy en el pasado como tantísimos otros bombardeos más terribles incluso que el Guernica, que como no tuvieron un cuadro no se los recuerda. Hubo miles de bombardeos durante este periodo de la historia, como el de Libano o Palestina, y nada se recuerda tan fácil como el Guernica. 

–¿Es a partir de esta idea que surgen tus pinturas acerca del bombardeo del 55? 

 

Si, justamente con esta idea de que la imagen permite recordar y tener mas presente ciertos sucesos es que trabaje con los bombardeos de Plaza de Mayo, porque una imagen le da esa claridad que necesita para ser recordado y para quedar presente. El asunto es el valor que tiene todavía una imagen: si el Guernica fuese arte textual con una una frase como se hizo tanto en los setenta dentro del arte conceptual, no hubiera tenido ninguna trascendencia más que en el pequeño núcleo del mundo del arte. El Guernica fue popular porque fue pensado como un mural para una feria internacional y porque Picasso tampoco renunció a nada de su imaginario. Al contrario, hizo una imagen muy jugada para la década del treinta, planteó cosas que la gente no terminaba de tragar. Sin embargo, superó todos los obstáculos de tipo conceptual y llegó, popularmente incluso, con una imagen que no concede nada. Eso es un valor, el valor de la preeminencia de la imagen. Porque más allá de todos los desgastes y todas las cuestiones tecnológicas que la superaron,  por ejemplo el NFT y las nuevas formas de pintar, cuando hay que ir al grano es la imagen la que vale, es el cuadrito de forma material lo que interesa. Todo lo demás es contexto, abastece a las minorías del arte y al mundo curatorial pero al final es el cuadro el que vale. 

 

–En relación a las nuevas formas en las que circula la imagen, tanto en los medios como en las redes sociales, y la manera en que interviene cada vez más en los distintos ámbitos de la vida cotidiana, ¿qué valor le da a las redes y a la tecnología? 

 

La tecnología en el arte es paradojal, ya que la tecnología difunde, pese a que parece que todo el tiempo nos bombardean con imágenes. Sin embargo, en las redes se establecen los grandes eventos, funcionan para patrocinar el lugar del evento. Por ejemplo, Carlos Alonso vivió una situación que ilustra muy bien esto. Él estaba hundido en el olvido, tuvo su gran época de los sesenta, era el dibujante, pintor consagrado, el PC le daba mucha manija en su momento, además de todo lo que le pasó a la hija y su desaparición durante la última dictadura y después de toda esa desgracia que le tocó transitar, entró un cono de sombra. En la década de los ochenta reaparecía con alguna muestra y nadie le daba bola. Después de muchos años, hizo una muestra en el Museo de Bellas Artes con el tema de las ilustraciones para la Divina Comedia, una cosa que no es la obra principal de él pero que explotó en las redes sociales. Tuvo una difusión tremenda y Carlos Alonso se instaló nuevamente, pero esta vez vía redes. Adquirió la verdadera dimensión que había perdido porque estaba afuera del foco, ningún curador se ocupaba de Carlos Alonso, se ocupaban más de arte conceptual.  Hoy en día, Alonso está instalado de nuevo porque las redes sociales ratifican prestigios perdidos. Entonces, a partir de esto, los grandes pintores empiezan a crecer en las redes, no quedan tapados por la cantidad de hojarasca y cosas intrascendentes que hay en las redes. Porque la mayoría es intrascendente,  lo que es trascendente sale y las redes lo impulsan. Hay un criterio de ciertas cosas de jerarquía, de calidades que se aprecia. Cuando una obra se hunde en las redes no es culpa de las redes porque en la mayoría pasa, y a veces metés algo y tiene mucha circulación, todo el mundo habla de eso, rebota en distintos lugares, es una forma de difusión impresionante y muy democrática. 

 

–¿Se puede pensar como una forma de acercarse al arte entonces? 

 

Claro que sí. En mi caso, por ejemplo, estoy pendiente de Instagram porque ahí hay tipos que me interesan, que aparecen o reaparecen con distintas cosas. Yo los sigo y quizá algunos, en uno o dos años, ya tienen doscientos mil seguidores. Y es porque son interesantes, no porque les dieron manija. No son fenómenos publicitarios, son fenómenos reales. De la misma forma que a mí me gustó y me pareció bueno, a mucha gente también los conoció y fue su forma de llegar a ellos.  Antes lo conocías a través de revistas, catálogos y estaban tres o cuatro años tratando de entrar. Hoy en día, las revistas y los catálogos están todos dentro de las redes. A partir de esto también se puede seguir a los artistas más en tiempo real. A un tipo te gusta, lo podes seguir. Otro está en decadencia y cayendo, y también. Eso es lo que exponen un poco las redes, esas percepciones que hace que vos pongas las barbas en remojo. Porque a vos también te pasa eso, tanto irse para arriba como lo contrario, estar hundiéndose y seguir exhibiéndose públicamente. Antes esto era más discreto y es interesante de analizar porque es muy dinámico y verídico.  Instagram para la imagen, sacando toda la histeria de Twitter u otras redes, hoy en día es necesario. Las galerías de arte que no tienen Instagram no existen, ya que se usa para vender, conocer, difundir y ese es un valor para los que estamos en el lenguaje el arte es una herramienta formidable.

 

–¿Qué elementos persisten, cuales han dejado de tener vigencia y cuáles son emergentes, en la imagen del pueblo a lo largo de la historia, pensando en aquel pueblo de 1945 que se autoconvocó a la Plaza de Mayo para pedir la liberación de Perón y el pueblo hoy en día? 

 

La imagen del pueblo ya no es la misma. El pueblo movilizado, en la plaza, ya no se expresa de esa manera. El pueblo está funcionando con otro código, está mucho más capturado precisamente por la capacidad de los medios de comunicación, de cierta cultura neoliberal qué hace que te encierres, que no tengas confianza en el resto. Toda esta política de sospecha sobre el otro daña justamente la concepción de pueblo. La sobreinformación que nos vuelve paranoicos y desconfiados, algo que la  pandemia exacerbó. Un claro ejemplo es el de las vacunas, que si sirven o no sirven, que se puede hacer y que no. Y los medios también contribuyeron en gran medida a profundizar estos rasgos. Esto hiere mucho la idea de pueblo, de comunidad, de fraternidad. Y ahí es entonces donde se convierten en cosas de pertenencia. Kirchneristas, peronistas, cada grupo tiene su propia conformación y sospecha del resto. Esa partición es muy del neoliberalismo: vos perteneces a tal club que tiene sus características, sus necesidades, sus particularidades y se agrupan entre sí. La sociedad funciona mucho así y por momentos podemos trascender todo eso y unirnos mucho más y por momentos nos encontramos más alejados.

 

–¿Cuál es el rol del peronismo ante esta situación?  

 

Desde el peronismo tenemos que justamente aprovechar y luchar en busca de esos momentos en los que nos unimos más, porque el peronismo siempre pensó en el pueblo como tal. Por eso tenemos que ser un partido de mayorías, no podemos ser un partido de minorías que se fragmenta, que maneja sus verdades. Hay que lograr hacer convivir distintas posturas, corrientes, movimientos, disidencias, que son los que conforman al pueblo y lo que conforman al fin y al cabo al movimiento peronista para incluir a todos y de encontrar fraternidad en todo. Con el tipo que está pensando completamente distinto a vos en algunos aspectos, pero que hay temas humanos que son los mismos. Esas son las contradicciones y la misericordia peronista, entender y luchar en pos de ese objetivo: la felicidad del pueblo. 

 

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